La búsqueda.
Buscar un objeto conocido.
Buscar algo que sabes qué es, pero que cada vez se vuelve más distante, lejano y difícil, incrementando tus posibilidades de hallarlo; disminuyendo tus fuerzas, tu voluntad, menguando las esperanzas. Como aquella cosa que no encuentras, o, digamos, no recuerdas dónde la has dejado, pero que sabes no tienes, que no eres; te consuelas con la idea de conformarte con un "ya aparecerá"... Pero pasa el tiempo. Pasa, y el "cuando menos la busques, cuando menos lo esperas" no llega.
No obstante, conservas la esperanza que se apoya de voluntad y algo de las fuerzas que levantan tu cuerpo, aún, joven. Quieres simplemente tomar todas esas fuerzas que quedan, así como las que has reservado, para dedicarla al objeto, no sólo a la búsqueda, sino al objeto en sí. El propósito. El propósito de ser. Aquella fuerza infinita. Propósito pasional. Pasión de ser.
Día, tras día.
Día tras día.
Uno tras otro, deseas que pasen rápido. Nunca en tu vida has deseado tanto el fin, (si es que lo hay).
Los días se vuelven semanas, las semanas, meses. Unidades al fin y al cabo. Tu vida ttranscurre sin darte cuenta que estás viviendo. Me pregunto si acaso lo estamos, si acaso lo estoy haciendo. Me pregunto por el momento en el que he dejado de vivir, dejado de vivir la vida que tenía y que esperaba.
Empero, sigo esperando, la sigo buscando...
A un precio muy alto. Incalculable. Invaluable.
El tiempo.
El dinero.
No es que no me guste hacer lo que hago para ganar aquellos pesos que se vuelven casi como que en un indemnización, una regalía, una compesación que no desagravia. Aún así, se pretende transformar en el medio para la tan anhelada vida que no vivo.
No es que no me guste hacer lo que hago, pero... Pero no tengo la vocación, nunca esperé dedicarme a esto. Me suena horrible la palabra "dedicarme", me parece una eterna condena. No obstante, no es tan malo. Pero, no siento la pasión por hacerlo, por más valor que se le dé. Es que, aunque no me guste, se me vuelve en algo que no fluye, contra - natura, adquirido, sintético, artificial. Es como aquella novia que por muy bella que sea, simplemente no es tu tipo, y aún así, aprendes a querer, simplemente aprendes a quererla y a llevarte con ella, pero que no te llena. No es para tí. No es para mí. Es para otro. El hábito que espero que no se me vuelva costumbre me ha hecho quererla, o por lo menos, apreciarla o respetarla más.
Qué miserable.
Qué triste.
Qué falta de ánima.
Como si no hubiesen fuerzas para traer a una realidad lo que existe en otra. Y, simplemente, acomodarse en una, Que el mundo arda, se derrumbe a tu alrededor y tú con él sin que te des cuenta, ¿eres consciente de ello?
Ni siquiera cuenta el estilo o el modo cómo se redacta cuando se escribe, cuando se describe un estado de cosas en el que se vive, te engulle mientras cada vez te resistes menos. Tu rostro con los ojos cerrados es lo que intenta sobresalir, intenta escaparse instintivamente, y como acto contra tu propio ser inconsciente, te vas dejando...
¡Pero no!
¡Que aún no estoy adentro! -Me quiero engañar, cuando es cada vez más difícil la salida.
Sin embargo, no imposible. Difícil. No imposible. Que puede que esté cada vez más débil. Mas no derrotado. Al menos, no del todo. Intento recuperarme. Intento recuperar lo que es mío, con lo que he nacido.
Todos los días.
Todos los días, durante los últimos cuatro, diez, cinco -no sé, años, he estado postergando el momento en el que naceré de nuevo. El momento en el que viviré del todo, sin que ello se limite a momentos apartes, limitados. La vida en momentos extraídos del tiempo sobre la tierra en sí.
Todos los días.
Durante los dos últimos años me he estado yendo a la cama con una sensación de derrota, sintiéndome el gran perdedor de mi propia vida, sencillamente, ignorar cuando sucede, dejar a un lado ese espacio que se da a espaldas de mis ojos, o quizá, de frente, mientras miro hacia adentro. El tiempo pasa. Todas las noches me voy con esa sensación de pérdida, de que he perdido algo irrecuperable, algo que no quiero ver. Mientras el mundo a mi alrdedor arde, se derrumba, yo, inmutable, al parecer, el letargo amaina el trayecto hacia un bien superior.
Todos los días.
Todos los días se me hace más difícil levantarme, el peso de la irresponsabilidad de mi vida se incrementa diariamente. Pero me levanto, no con las mismas fuerzas, pero me levanto, entro al baño y hago todo lo demás que corresponde a la preparación del día, sin siquiera mirarme al espejo, para no mirar a quien estoy traicionando, a quien cada vez le soy menos leal. Pero te lo compesaré. Es lo que me da la fuerza para levantarme. Reivindicarme conmigo mismo. Te lo he prometido desde antes de
Y así, prosigue el ciclo, tratando cada día de hacer mejor mi trabajo muy a pesar del sentimiento de haber sido derrotado al caer en la cama.
Pero no me doy por vencido.
No me doy por vencido.
No me rindo.
Sigo con la ilusión y todas las connotaciones que se puedan mencionar al respecto, y de lo que he nombrado algo.
Pero sigo.
Sigo.
Mostrando las entradas con la etiqueta BONUS TRACK. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta BONUS TRACK. Mostrar todas las entradas
jueves, 28 de abril de 2016
sábado, 6 de agosto de 2011
A mi amigo Alberto
En realidad, no se llama así "Alberto" a secas. Es Luís Alberto. De hecho, no recuerdo con exactitud sus apellidos completos; Dominguez es el primero, no recuerdo el segundo. Mi ingratitud llega hasta esos niveles: de no conocer siquiera lo mínimo de la otra persona. Y bueno, Alberto y yo nos conocimos hace cerca de catorce años. No sé exactamente hace cuántos, pero de venir de la infancia, es uno de las amistades que más he mantenido. Lo quiero mucho, y creo que nunca lo he valorado lo suficiente. Estoy seguro que si se pusiera a leer ésto, pensaría que soy un marica empalagoso, pero bueno, cuando lo vea, se lo mostraré.
Alberto es uno de mis amigos más fieles, y que siempre ha estado allí para cuando lo he necesitado. Todo lo contrario a mí: no es sino llamarlo para que él organice sus cosas y aparezca. Nunca llama. Siempre somos nosotros quiénes lo requerimos. Siempre está ahí. A diferencia mía, que, de un momento a otro, la gente pierde conocimiento de mi existencia.
Alberto es algo raro, pero no niego lo difícil que sea "ser normal", porque incluso yo soy uno de los más considerados "raro", y no voy a ahondar en eso ahora. Alberto es raro por sus teorías y su forma de actuar: aquél día tuvimos una discusión sobre la existencia del dichoso "Pedrito dice"; intenté explicarle por todos los medios que se trataba de una broma, en donde la misma persona escribía las preguntas y las respuestas, que yo tuve el bendito juego, que es más viejo que el Internet mismo, y él que no, que no era un juego, que era algún virus, que era algún programa maldito, que el espíritu de un niño se había transmutado en el computador para comunicarse con nosotros, que jugaba con el inconsciente, etc. No intenté convencerlo sobre ello y no sé por qué me acordé de Los Simpsons, cuando Homero afirma la imposibilidad de ser la misma persona Bruno Díaz y Batman, ya que casualmente, el correo electrónico de Alberto dice Homero por algún lado, si mal no recuerdo. Del mismo modo sale él haciendo sonidos y gestos extraños, como si se encontrara en una guerra, pero no, está jugando a Dragon Ball. Tal como lo hacíamos a los 12.
Entró primero a la Armada, como Infante Bachiller, a prestar el servicio militar, por los dos años que legalmente son requeridos. Allí, estuvo en Malambo, Barranquilla y otros municipios que no recuerdo, en el departamento del Atlántico. Cumplía como operador radial. De allá, ocasionalmente me llamaba y me contaba que tenía mucho tiempo libre y me preguntaba igualmente por los demás. Me contaba lo solo que andaba en esas tierras y lo que le hacía falta su casa, y, sobre la idea de seguir la carrera militar, ya fuera en el Ejército o en la Infantería de Marina.
Un día regresó Alberto con su libreta militar de primera clase, realizando todas las diligencias para entrar al Ejército como soldado profesional. Y así fue. Al cabo de un tiempo, estaba recorriendo las selvas, bosques y montañas del país, en distintos departamentos. En la Sierra Nevada de Santa Marta, estuvo un tiempo, donde me contaba sobre el frío que pasaban en la preparación y lo duro de los entrenamientos; la eliminación de cultivos ilícitos, donde se producía de las mejores cocas del mundo, y que, al mascarla, como veía a los mamo kogui, no sólo dormía toda la cavidad bucal en una refrescante sensación, sino que te animaba a seguir arrancando matas, activado por una fuerza mística, electrizante. No había necesidad de aspirarla. Se sentía en el ambiente, entraba por la piel y por todo aquello que separara tu interior del exterior volviéndote uno con la planta. A las tribus aborígenes no se las quitaban, sino a los migrantes de las montañas que buscaban zonas solitarias, donde el Estado no existía, para enrriquecerse; estaba era el Estado de los hermanos mayores tayronas, a quien también le quitaban de a poco su tierra. Me hubiera gustado ver ese paisaje por sus relatos; había café, yuca, maíz, fríjol, marihuana, plátano, coca. La Sierra es un sistema ecológico y social muy complejo. En donde conviven los colonos, el ejército, las misiones religiosas, los paramilitares y la guerrilla; teniendo como mayores perjudicados a las tribus y pueblos que quedan allí. Alberto allí no estuvo por mucho. Me hablaba de la misma manera de los animales que allí se veían, que el oso de anteojos, que el puma, el jaguar; son intocables por ley, cuenta. Y creo que por respeto, le agregué.
En el Caquetá, en la Serranía de la Macarena fue donde estuvo por mayor tiempo. Los desembarques en helicópteros, recibir provisiones de los C-130, caminar entre 5 y 30 Kms al día era cosa regular. Las caminatas y las pernoctadas dependían de las condiciones climáticas y del terreno. Todas iniciaban temprano en la mañana, con un cocinero encargado del desayuno donde el sol no penetraba siquiera por los árboles que luchaban entre ellos por asomarse a recibirlo. Cuando hacían los caminos con machetes ligeramente más pequeños que los corrientes, y transitar, tenían que ser más rápidos que la naturaleza: ella, literalmente, retomaba su lugar frente a sus ojos. Las noches podían ser muy frías, llegando hasta los 0º, también calientes y húmedas, a 30 ºC. Me comentaba la alegría que le causaba encontrar un claro, sentir la frescura de la brisa que dejaban circular los árboles y el sol que se asomaba por entre las nubes. Luego de estar metido por días en las sombras del monte, a merced de cualquier enfermedad, donde la leishmaniasis, el dengue, la malaria y la fiebre amarilla reinan: dejarse picar de algún mosquito, tocar algún gusano, rana o cualquier otra alimaña podría atrasar la misión, y no sólo eso, sino hacerte perder la vida en un instante, ya que son selvas donde constamente se descubren especies de insectos y reptiles. Y, no todo lo que brilla es oro, relata, porque era en los claros donde había que cuidarse más de la guerrilla, cuya actitud siempre estaba orientada a las emboscadas, y al ataque y huída, puesto que le tocó comprobar lo que era estar en un combate real cuando el ruído de las balas y las ráfagas de ametralladoras los sorprendieron para aplicar lo aprendido. No fue lo único a lo que tuvo que enfrentarse, sino también al socorro de un cabo, quien recibió tres disparos en la espalda, y su traslado al campamento provisional. Aunque fueron pocos los combates, con ninguna baja, muchos los laboratorios destruídos y algunos pares de caletas con armas encontradas, Alberto, poco a poco se cansaba; juntando una suma de dinero de la que no podía hacer uso en el monte, caminando por las selvas y bosques de la Macarena, caminando por las selvas del Chocó, donde llueve casi todos los días, y el océano Pacífico se junta con los mangles y el resto no es sino selva y selva, la mosquitera es grande, y ni él mismo se explica cómo fue que llegó de escolta diplomático a Ciudad de Panamá, e hizo trasbordo hasta Coveñas en la isla de San Andrés, deseando conocer más por el tiempo, el trabajo hacía que fueran como gitanos, y sin notarlo, había estado en medio país, recorriéndolo a pie, viendo animales como un jaguar, en su versión mutada: una pantera, a escasos metros del batallón, que no sabía sino caminar y estar alerta a todo, se trata del dominio de la paranoia, de la que no se dejó contagiar, y a principios de éste año, Alberto, mi amigo, pidió la baja en el ejército, después de tres años al servicio de una causa infinita.
Alberto simplemente se aburrió de esa vida, de esos contrastes y ese maltrato humano, y regresó con nosotros, aunque no se arrepiente de nada: "con la maricada conocí bastante, y la cantidad de lugares por los que estuve...". Y menos mal que nos regresó sano y salvo, sin conocer los horrores a los que ha podido acceder con la maricada, o por lo menos con su conciencia tranquila, supongo. Cada semana, o cada mes que nos vemos le pregunto si no piensa volver y siempre me da una respuesta distinta, explicándome el motivo de su baja: que mucha vida hijueputa, que aburre estar viendo las mismas caras, que las peleas, que la zozobra de cualquier ataque, que el frío, que el calor. Simplemente, no era lo suyo, y, sea lo que sea, es respetable.
Alberto nunca me ha quedado mal, y probablemente sea por eso que contradictoriamente nunca se lo haya reconocido. Porque hace las cosas, como deben ser. Siempre ha sido mi alcahueta sin cuestionamiento alguno se presta para todo, aunque a veces se oponga. Es mi tipo de amigo ideal, creo. Desde que me iba para su casa a cocinar pudín de chocolate y cubanitos, a los 14 años, y él llegaba a la mía para que lo ayudase con ciertas tareas en Excel, siempre ha estado allí. También cuando en vez de ir para el colegio, me iba para su casa, volándome por la ventana de su cuarto y lo convencía para que no fuera a clases en la tarde, ya que su jornada era así; o cuando nos apropiamos de una casa que encontramos abandonada en el 2002, cortando el monte y denominándola Angelo's Paradise, nombre que se mantendría, y lugar donde ocurriría cualquier especie de acción viciosa; o en una encrucijada faldera, donde me escuchó descargar mis frustaciones por cerca de dos horas; igual cuando él se metió con una mujer casada y que hoy día está embarazada, al parecer de su esposo (¿o Alberto?); también cuando lo convidé a trotar cerca de 10 kms, y le contaba sobre mis aspiraciones de subir diariamente los 300 mts sobre el nivel del mar en donde se encuentra Turbaco, para entrenar con él en algún gimnasio y él escuchaba mis aspiraciones con esa paciencia de "me gustaría ver que lo hicieras". Tal vez lo haga, beuno, algún día. Y ahora, reciente, en donde le dije que lo apreciaba por todo y que era uno de mis amigos más fieles, en un lote, donde lo convidé, sin remuneración alguna, a que me ayudara simplemente a nivelar un terreno, con lo que implica ello, es decir, tumbar un par de árboles con hacha y machete; él responde "menos mal que no estás borracho, maricón". Quién sabe qué habrá querido decir con eso.
Estoy seguro que él me estima bastante, igual, y es fiel, de manera incondicional. Él conoce bastante gente, pero como yo, no es de muchos amigos. Una parte de él, sabe que puede contar conmigo también, a pesar de lo ingrato que soy, y que, a pesar de lo mucho que me gusta mamar gallo, molestar, no ha funcionado en mi concepción, llamarlo por alguno de sus 10 mil sobrenombres. No encuentro aún las palabras de agradecimiento. Aunque, raro, sí es.
Alberto es uno de mis amigos más fieles, y que siempre ha estado allí para cuando lo he necesitado. Todo lo contrario a mí: no es sino llamarlo para que él organice sus cosas y aparezca. Nunca llama. Siempre somos nosotros quiénes lo requerimos. Siempre está ahí. A diferencia mía, que, de un momento a otro, la gente pierde conocimiento de mi existencia.
Alberto es algo raro, pero no niego lo difícil que sea "ser normal", porque incluso yo soy uno de los más considerados "raro", y no voy a ahondar en eso ahora. Alberto es raro por sus teorías y su forma de actuar: aquél día tuvimos una discusión sobre la existencia del dichoso "Pedrito dice"; intenté explicarle por todos los medios que se trataba de una broma, en donde la misma persona escribía las preguntas y las respuestas, que yo tuve el bendito juego, que es más viejo que el Internet mismo, y él que no, que no era un juego, que era algún virus, que era algún programa maldito, que el espíritu de un niño se había transmutado en el computador para comunicarse con nosotros, que jugaba con el inconsciente, etc. No intenté convencerlo sobre ello y no sé por qué me acordé de Los Simpsons, cuando Homero afirma la imposibilidad de ser la misma persona Bruno Díaz y Batman, ya que casualmente, el correo electrónico de Alberto dice Homero por algún lado, si mal no recuerdo. Del mismo modo sale él haciendo sonidos y gestos extraños, como si se encontrara en una guerra, pero no, está jugando a Dragon Ball. Tal como lo hacíamos a los 12.
Entró primero a la Armada, como Infante Bachiller, a prestar el servicio militar, por los dos años que legalmente son requeridos. Allí, estuvo en Malambo, Barranquilla y otros municipios que no recuerdo, en el departamento del Atlántico. Cumplía como operador radial. De allá, ocasionalmente me llamaba y me contaba que tenía mucho tiempo libre y me preguntaba igualmente por los demás. Me contaba lo solo que andaba en esas tierras y lo que le hacía falta su casa, y, sobre la idea de seguir la carrera militar, ya fuera en el Ejército o en la Infantería de Marina.
Un día regresó Alberto con su libreta militar de primera clase, realizando todas las diligencias para entrar al Ejército como soldado profesional. Y así fue. Al cabo de un tiempo, estaba recorriendo las selvas, bosques y montañas del país, en distintos departamentos. En la Sierra Nevada de Santa Marta, estuvo un tiempo, donde me contaba sobre el frío que pasaban en la preparación y lo duro de los entrenamientos; la eliminación de cultivos ilícitos, donde se producía de las mejores cocas del mundo, y que, al mascarla, como veía a los mamo kogui, no sólo dormía toda la cavidad bucal en una refrescante sensación, sino que te animaba a seguir arrancando matas, activado por una fuerza mística, electrizante. No había necesidad de aspirarla. Se sentía en el ambiente, entraba por la piel y por todo aquello que separara tu interior del exterior volviéndote uno con la planta. A las tribus aborígenes no se las quitaban, sino a los migrantes de las montañas que buscaban zonas solitarias, donde el Estado no existía, para enrriquecerse; estaba era el Estado de los hermanos mayores tayronas, a quien también le quitaban de a poco su tierra. Me hubiera gustado ver ese paisaje por sus relatos; había café, yuca, maíz, fríjol, marihuana, plátano, coca. La Sierra es un sistema ecológico y social muy complejo. En donde conviven los colonos, el ejército, las misiones religiosas, los paramilitares y la guerrilla; teniendo como mayores perjudicados a las tribus y pueblos que quedan allí. Alberto allí no estuvo por mucho. Me hablaba de la misma manera de los animales que allí se veían, que el oso de anteojos, que el puma, el jaguar; son intocables por ley, cuenta. Y creo que por respeto, le agregué.
En el Caquetá, en la Serranía de la Macarena fue donde estuvo por mayor tiempo. Los desembarques en helicópteros, recibir provisiones de los C-130, caminar entre 5 y 30 Kms al día era cosa regular. Las caminatas y las pernoctadas dependían de las condiciones climáticas y del terreno. Todas iniciaban temprano en la mañana, con un cocinero encargado del desayuno donde el sol no penetraba siquiera por los árboles que luchaban entre ellos por asomarse a recibirlo. Cuando hacían los caminos con machetes ligeramente más pequeños que los corrientes, y transitar, tenían que ser más rápidos que la naturaleza: ella, literalmente, retomaba su lugar frente a sus ojos. Las noches podían ser muy frías, llegando hasta los 0º, también calientes y húmedas, a 30 ºC. Me comentaba la alegría que le causaba encontrar un claro, sentir la frescura de la brisa que dejaban circular los árboles y el sol que se asomaba por entre las nubes. Luego de estar metido por días en las sombras del monte, a merced de cualquier enfermedad, donde la leishmaniasis, el dengue, la malaria y la fiebre amarilla reinan: dejarse picar de algún mosquito, tocar algún gusano, rana o cualquier otra alimaña podría atrasar la misión, y no sólo eso, sino hacerte perder la vida en un instante, ya que son selvas donde constamente se descubren especies de insectos y reptiles. Y, no todo lo que brilla es oro, relata, porque era en los claros donde había que cuidarse más de la guerrilla, cuya actitud siempre estaba orientada a las emboscadas, y al ataque y huída, puesto que le tocó comprobar lo que era estar en un combate real cuando el ruído de las balas y las ráfagas de ametralladoras los sorprendieron para aplicar lo aprendido. No fue lo único a lo que tuvo que enfrentarse, sino también al socorro de un cabo, quien recibió tres disparos en la espalda, y su traslado al campamento provisional. Aunque fueron pocos los combates, con ninguna baja, muchos los laboratorios destruídos y algunos pares de caletas con armas encontradas, Alberto, poco a poco se cansaba; juntando una suma de dinero de la que no podía hacer uso en el monte, caminando por las selvas y bosques de la Macarena, caminando por las selvas del Chocó, donde llueve casi todos los días, y el océano Pacífico se junta con los mangles y el resto no es sino selva y selva, la mosquitera es grande, y ni él mismo se explica cómo fue que llegó de escolta diplomático a Ciudad de Panamá, e hizo trasbordo hasta Coveñas en la isla de San Andrés, deseando conocer más por el tiempo, el trabajo hacía que fueran como gitanos, y sin notarlo, había estado en medio país, recorriéndolo a pie, viendo animales como un jaguar, en su versión mutada: una pantera, a escasos metros del batallón, que no sabía sino caminar y estar alerta a todo, se trata del dominio de la paranoia, de la que no se dejó contagiar, y a principios de éste año, Alberto, mi amigo, pidió la baja en el ejército, después de tres años al servicio de una causa infinita.
Alberto simplemente se aburrió de esa vida, de esos contrastes y ese maltrato humano, y regresó con nosotros, aunque no se arrepiente de nada: "con la maricada conocí bastante, y la cantidad de lugares por los que estuve...". Y menos mal que nos regresó sano y salvo, sin conocer los horrores a los que ha podido acceder con la maricada, o por lo menos con su conciencia tranquila, supongo. Cada semana, o cada mes que nos vemos le pregunto si no piensa volver y siempre me da una respuesta distinta, explicándome el motivo de su baja: que mucha vida hijueputa, que aburre estar viendo las mismas caras, que las peleas, que la zozobra de cualquier ataque, que el frío, que el calor. Simplemente, no era lo suyo, y, sea lo que sea, es respetable.
Alberto nunca me ha quedado mal, y probablemente sea por eso que contradictoriamente nunca se lo haya reconocido. Porque hace las cosas, como deben ser. Siempre ha sido mi alcahueta sin cuestionamiento alguno se presta para todo, aunque a veces se oponga. Es mi tipo de amigo ideal, creo. Desde que me iba para su casa a cocinar pudín de chocolate y cubanitos, a los 14 años, y él llegaba a la mía para que lo ayudase con ciertas tareas en Excel, siempre ha estado allí. También cuando en vez de ir para el colegio, me iba para su casa, volándome por la ventana de su cuarto y lo convencía para que no fuera a clases en la tarde, ya que su jornada era así; o cuando nos apropiamos de una casa que encontramos abandonada en el 2002, cortando el monte y denominándola Angelo's Paradise, nombre que se mantendría, y lugar donde ocurriría cualquier especie de acción viciosa; o en una encrucijada faldera, donde me escuchó descargar mis frustaciones por cerca de dos horas; igual cuando él se metió con una mujer casada y que hoy día está embarazada, al parecer de su esposo (¿o Alberto?); también cuando lo convidé a trotar cerca de 10 kms, y le contaba sobre mis aspiraciones de subir diariamente los 300 mts sobre el nivel del mar en donde se encuentra Turbaco, para entrenar con él en algún gimnasio y él escuchaba mis aspiraciones con esa paciencia de "me gustaría ver que lo hicieras". Tal vez lo haga, beuno, algún día. Y ahora, reciente, en donde le dije que lo apreciaba por todo y que era uno de mis amigos más fieles, en un lote, donde lo convidé, sin remuneración alguna, a que me ayudara simplemente a nivelar un terreno, con lo que implica ello, es decir, tumbar un par de árboles con hacha y machete; él responde "menos mal que no estás borracho, maricón". Quién sabe qué habrá querido decir con eso.
Estoy seguro que él me estima bastante, igual, y es fiel, de manera incondicional. Él conoce bastante gente, pero como yo, no es de muchos amigos. Una parte de él, sabe que puede contar conmigo también, a pesar de lo ingrato que soy, y que, a pesar de lo mucho que me gusta mamar gallo, molestar, no ha funcionado en mi concepción, llamarlo por alguno de sus 10 mil sobrenombres. No encuentro aún las palabras de agradecimiento. Aunque, raro, sí es.
sábado, 19 de marzo de 2011
(e...) I
Mi amiga Diana Marcela me invitó el miércoles pasado a un conversatorio sobre homosexualismo y religión (es), al que no pude asistir por cumplir otros compromisos. No obstante, me hubiera gustado ir y escuchar algunas de las opiniones humanas en tiempos de la ausencia de Dios, sobre ciertas disidencias o prácticas sexuales. Me hubiera gustado mucho ir y escuchar lo que los humanos dirían a eso, al ser un tema polémico estoy casi seguro que el debate estuvo muy acalorado. Es el tipo de eventos que pese a lo que a uno le cuenten, a favor o en contra, no cambiará el lamento de no haber participado, ese sentimiento voyeurista que alimenta pero no sacia los apetitos y placeres de una curiosidad que sufre de desnutrición eterna, como la mía; el ejemplo del gato -quien murió a causa de ella- enseña a ser precavido, mas no inquieto, la necesidad de conocer es un hábito que raya con las malas costumbres o mañas. Quién sabe de eso, a decir verdad. No importa. Estoy bien así. Sin embargo, Diana trabaja en un colectivo en donde disertan sobre las tendencias sexuales y la afirmación de las comunidades LGBT en nuestra -amurallada de prejuicios y anacronismos, ciudad. Ignoro por completo si ella hace parte de dicho estamento, legalmente hablando, pero es una persona muy especial que he aprendido a querer (se deja querer) no sólo porque es indlugente conmigo y mis irresponsabilidades, groserías o cosas de alguien muy fresco o desententido de los asuntos cordiales y protocolarios, sino por su forma de ser: muy dulce y agradable, que a pesar de mi ingratitud como amigo (no me recomiendo: me pierdo), siempre está pendiente de lo mínimo, todo lo contrario a mí, es muy atenta. Empero tantos antagonismos, tenemos algo en común: a ambos nos gustan los Estudios Sociales o Culturales, aunque el último término sea más problemático, le llaman mucho la atención a ella, a mí no tanto, los Estudios de Género, es lo que trabaja en la universidad y en el colectivo con el cual está en asocio. En la tarde, preguntándole sobre el conversatorio, antes de asistir a la Liga de Atletismo de Bolívar, para cumplir con una cita que nunca se dió, se cayó la conexión, pero me pareció leer algo sobre LGBTI. Quise estar seguro si lo de la "I" al final de las iniciales era cierto, considerando mi desconfianza en mis ojos y su pobre vista, por lo que qusie confirmarlo con otros recursos académicos que tenía a la mano, y sí, Diana tenía razón; cuando compré El Teso y leí las siglas corregidas: LGBTI, allí estaba esa misteriosa I. El diario no decía nada, salvo nombrar un desfile de orgullo LGBTI en Brasil, y una cantidad de muertos que alimentan otro tipo de morbo que no me llama la atención, y, al respecto, son más las imágenes que la información alusiva (en oraciones coherentes, qué se yo) o descriptiva de los hechos. Aún así, no pude encontrar el significado de la I, y con tantos nombres y definiciones que no aprenderé ni siquiera en 150 años, perdería mi tiempo adivinando o deduciendo, porque se me dió por pensar en los nombres que saldrían diariamente para prácticas o preferencias sexuales de acuerdo a las investigaciones o estudios sociológicos.
Apenas eran las 5 de la tarde [y puedes volarte éste aburrido e insípido párrafo, que nada tiene que ver con los otros] y mientras convertía a El Teso en algo más útil, como sombreros para el sol, bolas de papel para llamar la atención de alguien sin gritar, esperaba al grupo de personas con las que había quedado de encontrarme en el estadio de atletismo. Nunca llegaron, pero acordé con otras, así que no perdí la ida. Nunca dejaron de pasarme por la cabeza aseveraciones o ideas al azar de lo que podía significar la "I" mientras intentaba resignarme a investigar en otro momento, pero inconscientemente estaba la lluvia de tonterías relacionadas con la I que no voy a nombrar por cuestiones de ánimo. Así que maté el tiempo viendo a los atletas correr, saltar y hacer otras actividades; pero, no pude quedarme sentado y comencé a caminar las instalaciones: el campo Marte, la corredera de salto, las vallas, las gradas, el gimnasio, las oficinas... Hasta que descubrí dos muchachas besándose debajo de un colchón donde caían luego del salto con garrocha. No había notado que la mayoría de los atletas presentes esa tarde eran mujeres, jóvenes, por lo que me disculpé con la vergüenza del que no se sobresalta, y me devolví a seguir mi propio recorrido. Volvió a invadir mi cabeza la pregunta por la I, y al cabo de 4 ó 5 pasos, la ignoré nuevamente, porque lo único que me sorprendió fue no preguntarme por cantidades o cifras ambiciosas e inútiles, como el porcentaje de grama saludable en el campo Marte en contraste con la seca, el porcentaje de la población entre los 15 y 18 años, femenina y masculina con inclinaciones homosexuales o bisexuales, etcétera. A veces pienso que debí estudiar estadística, para darme cuenta que es imposible hacer un registro de todo lo existente en el Universo, o contabilidad. Pérdidas de instantes, espacios, o lo que es lo mismo, tiempo. Fenomología del desgaste o aburrimiento.
Ya en la madrugada, tomando el mismo camino que pasa por ésta casa, en el mismo e idéntico carro de Nando -y sus putas- que siempre me ha traído, veo a la izquierda una mujer, a la entrada de un bar, que se estremece a unos cinco metros, cayendo, o intentando no hacerlo, sin garbo alguno, impulsada por una fuerza exterior que inmovilizó a todos los que estaban allí -como a ella-, hombres en su mayoría, mientras el guardafango de una, de las dos camionetas de alto cilindraje que allí estaban, le servía de ayuda para evitar la caída provocada por uno de los hombres allí presente (el novio quizá, demostrándole su salvaje afecto) que le había dado tremenda cachetada. Un silencio de suspenso se apoderó unos cuantos segundos de la escena congelada a favor del ¿qué debemos hacer? Aproveché para analizar numéricamente la situación, y mientras ella era una, de las 4 mujeres que habían en la puerta, otros 12 tipos están inmóviles, ahí, en las afueras del negocio. Inmóviles, inexpresivos en esos segundos que parecían minutos que transcurrían cuadro a cuadro: eternos. Hasta que irrumpió en aquél silencio papal el agresor -a quien le detallé también un revólver en la pretina del pantalón, cerrando la puerta de la misma camioneta donde la muchacha buscaba apoyo. Así que el hombrecito comenzó a decirle en un tono de voz muy alto, que a lo mejor, llegaba a oírse a unos 100 metros de distancia, tal vez, yo sólo estaba a unos 5 y podía hasta sentirle el aliento a mierda y ron enguayabado de dos días, en tanto que la mujer seguía paralizada en la posición que quedó, no cayó, y el resto de los allí presentes: hacerse los de la vista gorda y no meterse siguiendo el sabio dicho que reza: "en peleas de marido y mujer, que nadie se meta", al menos que alguien se encuentre en un verdadero peligro de muerte, no de injurias, heridas sangrantes, entre otros resultados. Todos siguieron lo que estaban haciendo, incluso yo, seguí mi camino, pero advirtiendo el revolver, en serio pensé que la mataría, llevándose a otros, a lo mejor, por delante, pero no quería suponer más nada, en el momento, en tanto que él le gritaba: "¡que no voy a comer nada!, ¡ni una verga!, ¡qué perro ni qué hijueputa!, ¡no me jodas más, que yo sólo voy a mear, como un hombre, como un varón!, ¡déjame en paz!". Durante aquellas aclaraciones, exigencias y demandas del muchacho, miraba a todos lados, a lo mejor, a sus amigos, quienes intentaron mirar incómodamente hacia otro lado, y, como yo, otro tipo, pero desconocido que siguió su camino, como si nada hubiera pasado, como si una vida no hubiera estado a punto de perderse.
Ahora yo me pregunto: ¿es esa la mujer que debe defenderse? ¿Es esa la mujer amparada en la constitución política? ¿Es un humano, u otra categoría, a saber, mujer? Me hice el de la vista gorda, por obvias y deshumanizantes razones, como hicieron los demás, ¿incómodos? Nunca lo sabremos. Tal vez sí, tal vez no.
En mi afán, 5 metros después, por acelerar en el carro de nando sentí que se me estallaron unas vejigas en los pies (por las putas, yo creo), ya saben, esas bolas (...) Inevitablemente me acordé de un dicho que tiene mi abuela donde reafirma su seguridad: "¿bueno, y de cuándo acá yo he necesita'o de vejigas pa' caminá?". Ni yo, ni ella. Pero me queda en duda si acaso el hombrecito aquél sí necesitaría de esas bolas para andar. A lo mejor era lo que preguntaba con la mirada a sus compinches, luego de acariciar a la otra muchacha con tanta intensidad que le rompió el labio y casi la tumba: las ganas que tenía amarla, posiblemente. Y, ¿por qué no? Ella de ser amada.
De todo hay.
Sí. De todo hay. Y así, cuando llegué a la casa encontré además que la "I" se refiere a Interesexual, esto es, la condición de presentar simultáneamente características fenotípicas de ambos géneros, en mayor o menor grado, las cuales, también son variables de acuerdo al individuo. Hermafrodito/a. Pero entonces aparecen aquellos que intentan llevarlo a un plano más abstracto y no se limitan a las diferencias físicas, es decir, ambigüedad sexual no genética, ¿pero no serían entonces bisexuales? No, ¿o sí? Se consideran a sí mismos en fase (¿perpetua?) experimental frente a los géneros. No obstante, están igualmente los "raros" o "queers", (Dios, ¿cuántos son?), que pueden ser afeminados, masculinizados, todo va en el interés y fin último del sujeto en cuestión, que pueden ser homosexuales o pueden no serlo. Pero nos estamos saltando a las feministas radicales que, como Christine Alder afirman que inclusive el modo cómo están organizadas las siglas, el macho intenta sobreponerse a la hembra, expresando sus ínfulas de dominio patriarcal, apoyado en una mayor fuerza muscular, blablabla. Otros dicen que se organicen las siglas de acuerdo a los que se fueron organizando en razón a su orientación, atracción o identidad, en otras palabras, los que más asociados y organizados tengan. Ah, pero empleamos los términos atracción e identidad, los cuales, generan otro debate igualmente sobre los que sienten atracción mas no identificación con el sexo opuesto, y viceversa, y así aparecen los transgéneros, que no quieren ser llamados transexuales ni travesti, por lo que se le debe agregar otra T a las siglas. Todos reclamando igualdad de derechos como los heteresoxuales, entre otras cosas a las que accedemos "ciudadanos de primera", con una ciudadanía de "primera" muy dudosa (...), porque así es en este país y en otros del hemisferio occidental: los otros ciudadanos que se jodan. Todos contra todos. Todos contra todos en su propio interior organizacional. Como los pansexuales, que no se adhieren a ninguna exclusividad de género, sino que "consideran al ser por su estética particular, sus propios cánones...", los éticos de las relaciones poligámicas que se hacen llamar "poliamorosos", poliamorosos heterosexuales, poliamorosos bisexuales, omnisexuales (que se comen de todo y con todos), asexuales (que se niegan)... Todos son humanos, en suma, pero no todos tienen los mismos derechos y sea como sea, trabajan por una visibilidad, aclarando sus preferencias y/o identidades dentro de ciertas defniniciones; pero ¿saben una cosa? Sinceramente, pienso que todas esas definiciones lo complican más, además de hacer muy ambiguos algunos conceptos, aunque sean necesarias las clarificaciones, para métodos prácticos no veo muy útil una bandera con todas esas letras, ya miren por donde vamos LGBTTTTPIPAOP o algo así, y creo que me volé algunos. Vayamos al absurdo: imagínense que definamos los gustos sexuales intentando una generalización de acuerdo a sus orientaciones, así, por ejemplo, a un tipo heterosexual, que le gusta agredir a las mujeres (sea cual sea su orientación), y le gusta a veces experimentar con animales, pero sólo oral, y le gusta mantener relaciones abiertas con mujeres (que también prefieren a los tipos de esa calaña, y con otras parafilias, como el sadomasoquismo y la coprofagia), sería llamado algo así como heterozoopanoral violento, o igual una tipa con atracciones similares. Y así, una clasificación taxosexuanómica de la especie humana, que a lo mejor podría exigir representación ¿quién quita? Ya hay algunos que se sienten minorías, se han pasado para el otro equipo, el LGB... etcétera (ustedes me entendieron). Mientras que otros se han organizado a favor de la pederastia, trayendo a colación diálogos platónicos como El Banquete o del Amor, como también el de Menón y así, elementos argumentativos con más de dos mil años de antigüedad. Es, todos contra todos al parecer.
Cuando se fue la noche, no Mónica, me di cuenta que me habían llegado mensajes de felicitación por el día internacional del hombre, por Lesbos, digo, por Dios, ¿qué hemos hecho para que les gusten tanto las cachetadas? Es lo que pienso apenas media hora después de haber llegado a casa. A mí que me saquen de ese género, no comparto ciertas opiniones. Prefiero ser A., no por mi nombre, ni tampoco esa especie de sociopatía que automargina, aceptándola un poquito (bueno, asocial también), sino por asexual, creo que me va mejor ahí, así escapo de ciertos géneros y (re/de)construcciones sociales que son los dos que se limitan a aceptar. Me niego a encasillarme en esas identidades, pese a mi orientación. Aunque pensé de momento en intersexual, por lo que dicen de estar experimentando, no sé, al parecer son actividades lúdicas, pero no me siento atraído por hombres, y mucho menos por mujeres que poseen un cromosoma Y extra por ahí. Así que me quedo en mis esporádicas ataraxias, y explorando placeres, entre el voyeurismo cognoscitivo y los elementos que la realidad nos da.
P. D.:¿Será el fin del tema de la "I"?
Para mí sí. Llegué a considerarla una mala calificación del sistema educativo en primaria. La cual, significa: Insuficiente. Los que sacábamos ésta nota con cierta frecuencia, teníamos que cambiarle el sentido para distraernos mientras sonaba el timbre para ir a jugar béisbol, bate de tapita o microfútbol, entre otros juegos improvisados, así que era I para Inteligente, Idiota, Imbécil, Ilustrado, Iluminado, Ilegal, etcétera. Me quedo con la A, que también en primaria era una nota muy frecuente, como R, es decir "Aceptable" ó "Regular". Eran lo mismo esas dos.
P. D.: Creo que hay guerra de sexos a las 3 de la tarde por Venevisión, es una duda: ¿Aceptarán ellos que se integren los 14 adicionales? Es broma, lo de los 14 :)
Apenas eran las 5 de la tarde [y puedes volarte éste aburrido e insípido párrafo, que nada tiene que ver con los otros] y mientras convertía a El Teso en algo más útil, como sombreros para el sol, bolas de papel para llamar la atención de alguien sin gritar, esperaba al grupo de personas con las que había quedado de encontrarme en el estadio de atletismo. Nunca llegaron, pero acordé con otras, así que no perdí la ida. Nunca dejaron de pasarme por la cabeza aseveraciones o ideas al azar de lo que podía significar la "I" mientras intentaba resignarme a investigar en otro momento, pero inconscientemente estaba la lluvia de tonterías relacionadas con la I que no voy a nombrar por cuestiones de ánimo. Así que maté el tiempo viendo a los atletas correr, saltar y hacer otras actividades; pero, no pude quedarme sentado y comencé a caminar las instalaciones: el campo Marte, la corredera de salto, las vallas, las gradas, el gimnasio, las oficinas... Hasta que descubrí dos muchachas besándose debajo de un colchón donde caían luego del salto con garrocha. No había notado que la mayoría de los atletas presentes esa tarde eran mujeres, jóvenes, por lo que me disculpé con la vergüenza del que no se sobresalta, y me devolví a seguir mi propio recorrido. Volvió a invadir mi cabeza la pregunta por la I, y al cabo de 4 ó 5 pasos, la ignoré nuevamente, porque lo único que me sorprendió fue no preguntarme por cantidades o cifras ambiciosas e inútiles, como el porcentaje de grama saludable en el campo Marte en contraste con la seca, el porcentaje de la población entre los 15 y 18 años, femenina y masculina con inclinaciones homosexuales o bisexuales, etcétera. A veces pienso que debí estudiar estadística, para darme cuenta que es imposible hacer un registro de todo lo existente en el Universo, o contabilidad. Pérdidas de instantes, espacios, o lo que es lo mismo, tiempo. Fenomología del desgaste o aburrimiento.
Ya en la madrugada, tomando el mismo camino que pasa por ésta casa, en el mismo e idéntico carro de Nando -y sus putas- que siempre me ha traído, veo a la izquierda una mujer, a la entrada de un bar, que se estremece a unos cinco metros, cayendo, o intentando no hacerlo, sin garbo alguno, impulsada por una fuerza exterior que inmovilizó a todos los que estaban allí -como a ella-, hombres en su mayoría, mientras el guardafango de una, de las dos camionetas de alto cilindraje que allí estaban, le servía de ayuda para evitar la caída provocada por uno de los hombres allí presente (el novio quizá, demostrándole su salvaje afecto) que le había dado tremenda cachetada. Un silencio de suspenso se apoderó unos cuantos segundos de la escena congelada a favor del ¿qué debemos hacer? Aproveché para analizar numéricamente la situación, y mientras ella era una, de las 4 mujeres que habían en la puerta, otros 12 tipos están inmóviles, ahí, en las afueras del negocio. Inmóviles, inexpresivos en esos segundos que parecían minutos que transcurrían cuadro a cuadro: eternos. Hasta que irrumpió en aquél silencio papal el agresor -a quien le detallé también un revólver en la pretina del pantalón, cerrando la puerta de la misma camioneta donde la muchacha buscaba apoyo. Así que el hombrecito comenzó a decirle en un tono de voz muy alto, que a lo mejor, llegaba a oírse a unos 100 metros de distancia, tal vez, yo sólo estaba a unos 5 y podía hasta sentirle el aliento a mierda y ron enguayabado de dos días, en tanto que la mujer seguía paralizada en la posición que quedó, no cayó, y el resto de los allí presentes: hacerse los de la vista gorda y no meterse siguiendo el sabio dicho que reza: "en peleas de marido y mujer, que nadie se meta", al menos que alguien se encuentre en un verdadero peligro de muerte, no de injurias, heridas sangrantes, entre otros resultados. Todos siguieron lo que estaban haciendo, incluso yo, seguí mi camino, pero advirtiendo el revolver, en serio pensé que la mataría, llevándose a otros, a lo mejor, por delante, pero no quería suponer más nada, en el momento, en tanto que él le gritaba: "¡que no voy a comer nada!, ¡ni una verga!, ¡qué perro ni qué hijueputa!, ¡no me jodas más, que yo sólo voy a mear, como un hombre, como un varón!, ¡déjame en paz!". Durante aquellas aclaraciones, exigencias y demandas del muchacho, miraba a todos lados, a lo mejor, a sus amigos, quienes intentaron mirar incómodamente hacia otro lado, y, como yo, otro tipo, pero desconocido que siguió su camino, como si nada hubiera pasado, como si una vida no hubiera estado a punto de perderse.
Ahora yo me pregunto: ¿es esa la mujer que debe defenderse? ¿Es esa la mujer amparada en la constitución política? ¿Es un humano, u otra categoría, a saber, mujer? Me hice el de la vista gorda, por obvias y deshumanizantes razones, como hicieron los demás, ¿incómodos? Nunca lo sabremos. Tal vez sí, tal vez no.
En mi afán, 5 metros después, por acelerar en el carro de nando sentí que se me estallaron unas vejigas en los pies (por las putas, yo creo), ya saben, esas bolas (...) Inevitablemente me acordé de un dicho que tiene mi abuela donde reafirma su seguridad: "¿bueno, y de cuándo acá yo he necesita'o de vejigas pa' caminá?". Ni yo, ni ella. Pero me queda en duda si acaso el hombrecito aquél sí necesitaría de esas bolas para andar. A lo mejor era lo que preguntaba con la mirada a sus compinches, luego de acariciar a la otra muchacha con tanta intensidad que le rompió el labio y casi la tumba: las ganas que tenía amarla, posiblemente. Y, ¿por qué no? Ella de ser amada.
De todo hay.
Sí. De todo hay. Y así, cuando llegué a la casa encontré además que la "I" se refiere a Interesexual, esto es, la condición de presentar simultáneamente características fenotípicas de ambos géneros, en mayor o menor grado, las cuales, también son variables de acuerdo al individuo. Hermafrodito/a. Pero entonces aparecen aquellos que intentan llevarlo a un plano más abstracto y no se limitan a las diferencias físicas, es decir, ambigüedad sexual no genética, ¿pero no serían entonces bisexuales? No, ¿o sí? Se consideran a sí mismos en fase (¿perpetua?) experimental frente a los géneros. No obstante, están igualmente los "raros" o "queers", (Dios, ¿cuántos son?), que pueden ser afeminados, masculinizados, todo va en el interés y fin último del sujeto en cuestión, que pueden ser homosexuales o pueden no serlo. Pero nos estamos saltando a las feministas radicales que, como Christine Alder afirman que inclusive el modo cómo están organizadas las siglas, el macho intenta sobreponerse a la hembra, expresando sus ínfulas de dominio patriarcal, apoyado en una mayor fuerza muscular, blablabla. Otros dicen que se organicen las siglas de acuerdo a los que se fueron organizando en razón a su orientación, atracción o identidad, en otras palabras, los que más asociados y organizados tengan. Ah, pero empleamos los términos atracción e identidad, los cuales, generan otro debate igualmente sobre los que sienten atracción mas no identificación con el sexo opuesto, y viceversa, y así aparecen los transgéneros, que no quieren ser llamados transexuales ni travesti, por lo que se le debe agregar otra T a las siglas. Todos reclamando igualdad de derechos como los heteresoxuales, entre otras cosas a las que accedemos "ciudadanos de primera", con una ciudadanía de "primera" muy dudosa (...), porque así es en este país y en otros del hemisferio occidental: los otros ciudadanos que se jodan. Todos contra todos. Todos contra todos en su propio interior organizacional. Como los pansexuales, que no se adhieren a ninguna exclusividad de género, sino que "consideran al ser por su estética particular, sus propios cánones...", los éticos de las relaciones poligámicas que se hacen llamar "poliamorosos", poliamorosos heterosexuales, poliamorosos bisexuales, omnisexuales (que se comen de todo y con todos), asexuales (que se niegan)... Todos son humanos, en suma, pero no todos tienen los mismos derechos y sea como sea, trabajan por una visibilidad, aclarando sus preferencias y/o identidades dentro de ciertas defniniciones; pero ¿saben una cosa? Sinceramente, pienso que todas esas definiciones lo complican más, además de hacer muy ambiguos algunos conceptos, aunque sean necesarias las clarificaciones, para métodos prácticos no veo muy útil una bandera con todas esas letras, ya miren por donde vamos LGBTTTTPIPAOP o algo así, y creo que me volé algunos. Vayamos al absurdo: imagínense que definamos los gustos sexuales intentando una generalización de acuerdo a sus orientaciones, así, por ejemplo, a un tipo heterosexual, que le gusta agredir a las mujeres (sea cual sea su orientación), y le gusta a veces experimentar con animales, pero sólo oral, y le gusta mantener relaciones abiertas con mujeres (que también prefieren a los tipos de esa calaña, y con otras parafilias, como el sadomasoquismo y la coprofagia), sería llamado algo así como heterozoopanoral violento, o igual una tipa con atracciones similares. Y así, una clasificación taxosexuanómica de la especie humana, que a lo mejor podría exigir representación ¿quién quita? Ya hay algunos que se sienten minorías, se han pasado para el otro equipo, el LGB... etcétera (ustedes me entendieron). Mientras que otros se han organizado a favor de la pederastia, trayendo a colación diálogos platónicos como El Banquete o del Amor, como también el de Menón y así, elementos argumentativos con más de dos mil años de antigüedad. Es, todos contra todos al parecer.
Cuando se fue la noche, no Mónica, me di cuenta que me habían llegado mensajes de felicitación por el día internacional del hombre, por Lesbos, digo, por Dios, ¿qué hemos hecho para que les gusten tanto las cachetadas? Es lo que pienso apenas media hora después de haber llegado a casa. A mí que me saquen de ese género, no comparto ciertas opiniones. Prefiero ser A., no por mi nombre, ni tampoco esa especie de sociopatía que automargina, aceptándola un poquito (bueno, asocial también), sino por asexual, creo que me va mejor ahí, así escapo de ciertos géneros y (re/de)construcciones sociales que son los dos que se limitan a aceptar. Me niego a encasillarme en esas identidades, pese a mi orientación. Aunque pensé de momento en intersexual, por lo que dicen de estar experimentando, no sé, al parecer son actividades lúdicas, pero no me siento atraído por hombres, y mucho menos por mujeres que poseen un cromosoma Y extra por ahí. Así que me quedo en mis esporádicas ataraxias, y explorando placeres, entre el voyeurismo cognoscitivo y los elementos que la realidad nos da.
P. D.:¿Será el fin del tema de la "I"?
Para mí sí. Llegué a considerarla una mala calificación del sistema educativo en primaria. La cual, significa: Insuficiente. Los que sacábamos ésta nota con cierta frecuencia, teníamos que cambiarle el sentido para distraernos mientras sonaba el timbre para ir a jugar béisbol, bate de tapita o microfútbol, entre otros juegos improvisados, así que era I para Inteligente, Idiota, Imbécil, Ilustrado, Iluminado, Ilegal, etcétera. Me quedo con la A, que también en primaria era una nota muy frecuente, como R, es decir "Aceptable" ó "Regular". Eran lo mismo esas dos.
P. D.: Creo que hay guerra de sexos a las 3 de la tarde por Venevisión, es una duda: ¿Aceptarán ellos que se integren los 14 adicionales? Es broma, lo de los 14 :)
jueves, 10 de marzo de 2011
Feliz día de (¿qué?)... Misog... qué??? Yo?
Hace un par de días se celebró el día internacional de la mujer, y para ser sincero, no veo mucho que celebrar, porque, a decir verdad, ser mujer, ehm... no digamos que es algo jodido, sino más bien algo difícil.
Veía mujeres (más hombres) mientras caminaba con flores. Aún no entiendo por qué las regalan. Llámenme estúpido emocional, ciego (lo soy, algo, lo acepto) o lo que sea, pero el día que comprenda qué significan, las regalaré con mucho placer. No comprendo todavía porqué debo quitarle la felicidad y la posibilidad a una abeja de alimentarse y trabajar para su colmena, como la posibilidad de reproducirse de la planta en cuestión, para regalarla, simplemente por hacerlo, a una mujer.
-Ah, es que tú eres un misógino! Estás pillado! Maricón!
No, no lo soy. Si lo fuera, no me gustaran tanto. Así que para qué vamos a perder tiempo discutiendo ese enfoque.
A decir verdad, lo que no me gusta es el papel de muchas mujeres hoy en día que se automarginan, solo por el hecho de serlo.
Yo soy un poco automarginal, porque me gusta, porque el transporte público no funciona, el internet reemplaza muchas facciones de la realidad que ahorran tiempo y porque se requiere mucho tiempo solo para terminar las cosas que tengo por hacer, o tengo pendientes. Me distraigo fácilmente. Qué se yo al final... Disfruto mucho de la soledad (maldito egoísta, jajajajaja).
Pero a ver, ¿qué podrían celebrar las mujeres en un día como el martes? Hablo del contexto occidental, o más bien, deporaquíoacá. Los cambios han sido muchos, digamos, desde la colonia. Ya pueden votar, pueden trabajar y pueden casarse y divorciarse cuantas veces quieran, y si tienen hijos, siempre tienen las de ganar; todo bajo el amparo de la ley. Sí, son más o menos libres al lado de los hombres, con ciertos privilegios, pero de lo que no son libres son de los prejuicios e imaginarios culturales. Sea cual sea la sociedad de la que venga (esto sí es casi que universal, y afortunadamente no es un trabajo en el que tengo que hacer 10 mil citas bibliográficas para escribir de lo obvio en unos minutos), son relativos los juicios y por lo general, al intentar hacer las cosas que los hombres realizan, llevan las de perder. No hablo de roles siquiera, sino de "trabajos de hombres". Con mucho respeto me parece estúpido que en pleno siglo XXI la gente se sorprenda, tanto en Cartagena como en Fort Lauderdale ver mujeres policías, bomberos, infantes de marina, soldados, empresarias y demás cosas "fuera de la casa". Hablo por experiencia propia, no porque hace seis años, en una manifestación provocada por algún imbécil con ganas de joder (algún día comentaré sobre eso y le pondré vínculo), haya sido perseguido por 4 ó 5 mujeres policías, no por mi gracia, sino por antimotines o ESMAD (otro día subiré fotos de la golpiza que me llevé), sino porque fue para los días de marzo, y porque siempre en los primeros días de marzo comienzan con especiales y documentales sobre lo mismo y lo mismo. Véanlo ustedes mismos a través del cable.
Pueden darnos paleras, pueden amarnos mucho, pueden hacer lo mismo que nosotros, pero ¿es solo en teoría o en la práctica igual? Aunque tengan la libertad de hacerlo, ¿acaso son libres de los prejuicios sociales?
Yo sigo creyendo que no. Y de tanto pensar en las mujeres y sus situaciones, quise hacer el ejercicio de ponerme en su lugar, y aunque sería una mujer horrible, ya que ni de travesti ayudaría, terminé soñando que era una de ellas, o de ustedes, razón por la cual me levanté a escribir ahorita, a las 3 de la mañana.
Legalmente, no son del todo libres. Digo, si a una mujer y a su pareja se les olvida o se hacen los idiotas con la planificación o la anticoncepción, ¿podrían tener la decisión de llevar un parásito por nueve meses (en el mejor de los casos) en su útero? La respuesta, para Colombia, y muchos países latinos y algunos estados norteamericanos es un NO. Te la metes, te la tragas, te la aguantas y ahora recordarás esa decisión por el resto de tu vida. Lo sé, es horrible, y, dado el caso esa mujer ya no tenga vínculo alguno con el padre (o en su defecto, no sepa quién es), o peor, éste huya, puede que lo lamente. Entonces, el hijo es un bastardo. Genial. Pero si se vuelve puta (cobra) es un hijo de puta, que no es lo mismo que hijueputa. Sea lo que sea, debe sentirse orgulloso de ser lo que es. Más si proviene de una puta, porque es el trabajo más antiguo del mundo, y su madre será solo una más de la tradición putística universal.
Aunque el engendro de Satanás sea a veces una excusa para salir de sus hogares a corta y adolescente edad, se debe es a la falta de oportunidades de reconocimiento al interior de sus hogares, me parece, como también ausencia de un futuro promisorio. Es al menos lo que he presenciado en algunos arrabales de ésta prostituta ciudad. Algo como "me fui porque salí preñá y estaba aburría en mi casa de mis papás que pasaban peleando", "a mi me violó mi padrastro", y otras razones que, además de bizarras son repetitivas generacionalmente, y tienen rasgos o características comunes, destacables entre tantas niñas preñadas o situaciones afines.
En lo militar, no pueden ascender a grandes puestos (¿qué pensarán nuestros enemigos de un ejército comandado por una mujer?). Y eso sí que es raro, en un país donde el 52% de la población (obvia y notoria mayoría) lo conforman mujeres de verdad. ¿Ustedes mismas se están condenando? ¿Por Dios, qué pasó con ustedes? ¿Qué les hicieron? ¿Qué se hicieron?
Lo de mujeres de "verdad" es, incluso, polémico. Porque ¿cuáles son esas verdaderas? ¿Cuáles son entonces las "falsas"? Bah, no nos pongamos filosóficos ahora con eso, pero me voy a referir a esas que se levantan a construir ésta país, o a deconstruirlo. Quién sabe a decir verdad. Si me preguntan a mí, lo que diré es que lo único que me hace diferenciar a un hombre de una mujer son sus factores biológicos, ya saben, gónadas, glándulas, etc. El resto es construcción social. Hagan lo que se les venga en gana. Pero, si me vuelven a preguntar que cómo las concibo, diré lo mismo. A lo mejor sea por eso que me llaman "seco", raro en esta región, porque las trato por igual, ni siquiera diferencio de si son hombres o mujeres, salvo en el gusto, eso sí es algo completamente distinto. Sería desquiciado desconocer que no me atraigan, como me gustan, y que eso influya en cómo tratarlas, y que si pasa conmigo, tiene que pasar con muchos, pero bueno, creo que a veces soy como asexual, jaja, o a veces hay momentos así. Supongo que seguiré así hasta que muera el animal haya muerto, como diría Borges.
Soy conocido por nada, a veces se equivoca de nombre el celaduerme y me llama por Víctor, Antonio, Angel, Manuel, son algunos de los nombres que me da este tipo, y otros. Pero yo tampoco me conozco del todo, y estoy seguro de pocas cosas sobre mí, y una de ellas es que por ser como soy, imparcial frente a los géneros (por esto mismo, descortés, desentendido, vulgar, y otros apelativos), decidí que el martes sería un poco más amable con las mujeres, sólo por ese día, por hacer el experimento. Pensando que habrían algunas conchudas que se querían hacer las vivas y aprovecharse del día, recordaría cada momento para escribirlo aquí. Así que como buen martes hábil, me levanté a las 5 de la mañana, hice mi desayuno, molesté a mi papá, y me fui a coger el bus a la esquina con tremendo sol de 7 AM. Había la misma cantidad de mujeres en la esquina esperando el bus, donde por lo general duraría una hora y media para absurda e infinta distancia al Centro, unos 11 kilómetros según Google Earth. 11 kilómetros apretado, de pie, sudando en ese bus, recorriendo la misma y maldita, diez mil veces maldita vía en la que he perdido miles de horas de mi vida encapsulado y enlatado, por la que se montan en promedio 9 vendedores, y con suerte, algún cantante, y otro ratero. El bus del martes estaba como nunca, atestado de gente, mujeres que se siguen montando al bus sin importarle el espacio o el tiempo, que es lo mismo, y la barriga de los tantos meses de embarazo que lleven: algún o alguna infeliz les cederá el puesto, es lo que piensan en verdad, o sino, como el del martes, no se cansarán de quejarse ya que en todos los puestos hay ancianas y qué casualidad, preñadas y paridas con anticristos en los brazos (disculpen por tantas referencias y nombres bíblicos, pero me está gustando la parte del apocalipsis). El ayudante del conductor embarca a una que tiene como 3 niños. Es una locura. Ni lo creo y mucho menos comprendo. El panorama es deprimente. Pero como yo me había propuesto no hacer mala cara a nada, ni distraerme con música que recordaba en mi mente y tarareando en el mismo lugar, mientras que deseaba sólo llegar, me encargué de los dos niños: iba de pie y los cargué todo el camino. Ni siquiera me dió las gracias por lo que tuve que aguantarme: dos criaturas que ni siquiera eran mías o presentaban parecido alguno a mí, que no hacían más que llorar y patalear como el resto de niños que gritaba en el bus. No me molesta que no me agradezca. Creo que es lo mínimo que por solidaridad podría hacer uno por otro en dicha condición, me explico: cómo agradecer lo obvio, o lo natural (?), no era mi trabajo, pero sí mi responsabilidad como pasajero o ciudadano. No soy hijueputa. A veces quizás. Cuando llegué al Centro, quise sentarme en una banca para descansar mi rodilla, pero apareció otra mujer (una muchacha) y con una sonrisa, le cedí la banca ya que me había estado viendo como ternero degollado. Pensé "bien, no es la única de la ciudad, debe haber otra cerca, aquí en el parque", y al no haber, me fui a la universidad, donde el profesor casi que no me deja entrar por cinco minutos de retraso y apareció otra compañera, a la media hora, a quien dejó entrar felizmente, solo por ser mujer. Era su día ¿Discriminación positiva? No. Nunca he comprendido esa indulgencia. Así fue todo el día.
A ver, sigo con esto. Muchos decimos a los 15 ó 17: "si fuera mujer, sería una perra descontrolada, ya me los habría comido a todos y habría conseguido muchas cosas con mi culo". Hoy está de moda. Mujeres, pueden serlo. Sobre todo si tu material de trabajo es tu cuerpo, que tienes que mejorar, Hay cirugías degradantes para todo. Te pones tetas (creas una telenovela del monotema colombiano), culo (para parecer costeña), te quitas esas grasas que ganaste comiendo morcilla y demás alimentos que tu cuerpo almacena para la posteridad (pero que nunca utilizarás) y que con tanto gusto devoraste pero que ahora detestas, y ya está. Mitad silicona y mitad humana. Más o menos es así. Otras dicen que está malo ser perra. Que desean mantenerse vírgenes hasta el matrimonio (¿es en serio?, porque ya reconstruyen el himen) ya que si no lo son, perderán su valor concentrado en la castidad que garantiza un pequeño tejido que intenta mantener a la vagina aislada, no a sus sentimientos. Imagínense, ¿qué dirán nuestras amistades? Y una mujer vale es por lo que mantiene entre sus piernas. Excelente.
Lo otro es el sangrado. Es como magia o la electricidad para mí. Funcionan casi igual: no comprendo cómo alguien puede seguir con vida luego de tener esas incontenibles hemorragias ¿No existe un switch? Lo peor es que puede ser motivo de burlas ¿Cómo puede traer burlas un manchado que ni siquiera controlas? Eso nunca me causó risa en el colegio el "mira a la otra, está como manchada, se cagó o algo jaja, se le olvidó la regla"¿Cómo puede olvidársele a alguien la menarquia?
Por último son las discriminaciones. No tienes que ir otro país, o asistir a conferencias para darte cuenta de ello. Digo conferencia, porque el año pasado llegó una negra que podía ser cualquier otra de aquí, de Palenque o Cartagena, Barranquilla o Marialabaja; así, que le pregunté por un salón donde se iba a llevar a cabo una charla, "¿excuse me?" me respondió. Claro, yo le hablaba en un castellano goppiao o costeñol. No hubo mucho que hablar, creí que era sanandresana y resultó siendo canadiense y la persona que daría la ponencia a la cual también yo asistiría. Habló de feminismo y racismo, traducido por mi oido, creo que quiso decir lo siguiente en uno de sus comentarios: "(...) no fue fácil para mí trabajar en Estados Unidos: al llevar mis CVs (hojas de vida) a las vacantes de empleo, y por mi nombre que es raro [no me acuerdo cómo era], con tantos títulos y diplomas; al momento de seleccionarme y asistir a las entrevistas de trabajo, no pensaban que se trataba de una mujer y mucho menos, negra. Así que fue un poco difícil, hasta que me interesó un trabajo en una universidad y le di mi testimonio al director de recursos humanos: mire, a mí interesa trabajar aquí, siempre me llamó la atención, pero comprenda, ya llevo mucho tiempo aquí en los Estados Unidos y yo no vivo aquí, soy canadiense, y no he conseguido un empleo, que, con mi hoja de vida se adecúe a mi interés, y si usted va a hacer que pierda el tiempo aquí, le pido por favor que lo reconsidere. No ha sido fácil y me estoy gastando mis ahorros en esta aventura. No ha sido fácil tampoco porque soy mujer, para aumentar una doble discriminación, soy negra, y no tan joven. Tampoco le estoy rogando. Solo que no me haga perder el tiempo si se va a dar con rodeos (...) Fue de los primeros trabajos como maestra tuve en una prestigiosa universidad de los Estados Unidos. Quería conocer ese medio. Salir y trabajar fuera de Canadá por un tiempo". No sólo pasa allá, en toda Norteamérica (Canadá y EEUU), y el primer mundo en general. Acá, donde el 80% de la población cartagenera es afrodescendiente, igual. Así que ¿de qué independencia de pensamiento hablamos? ¿Cuántos títulos y diplomas requiere una mujer para entrar al mercado laboral? ¿Son más si es separada, negra, parida, cabeza de hogar, madre soltera, piensa distinto, tiene otra religión, discapacitada, o vieja?
Como adición tenemos a las mujeres como posesión. Recordemos que la ley mosaica castiga si deseas la mujer del prójimo, más no castiga a la misma que desea al varón de su congénere. Aunque si a ella le gustan las mujeres, sí entraría dentro de esa categoría. Sino, entonces estaríamos de acuerdo con algo que dijo Borges respecto a la inexistencia de ese décimo primer pecado. Aunque el que yo conozco es "no dar papaya". Así que sería como el décimo segundo, quizás. Pero no está registrado ni en la torá ni en el Nuevo Testamento. Además, que más adúltera que María Magdalena, quizá no hubo como esa ramera (y no lo digo yo). O promiscuo como el Rey Salomón, que tuvo 300 esposas oficiales y más de 700 cocubinas, sin derecho a emanciparse. O tal vez María, la del Túnel, la novela de Ernesto Sábato, hubiera sobrevivido a la muerte causada por los celos de Juan Pablo Castel, si por aquellos días se hablara de poliamor. Es un neologismo apenas. Y yo, no hubiera sacado un 3 en tal aseveración para mi clase de castellano en el colegio, hace más de 10 años.
Son solo mis opiniones o concepciones personales. Nada más. De mi ser no se mueven, pero ojalá sí muevan a alguien, y no ésto aquí, sino una trabajo serio que vengo realizando, con referencias y tal, jaja. Aunque tengan que ver con otras vainas raras, como el día de los niños, el día del amor y la amistad (que debe ser todos los días), los cumpleaños y cosas así. Sin decir lo raro que un hombre pelee por y para las mujeres, jajajajaja.
Veía mujeres (más hombres) mientras caminaba con flores. Aún no entiendo por qué las regalan. Llámenme estúpido emocional, ciego (lo soy, algo, lo acepto) o lo que sea, pero el día que comprenda qué significan, las regalaré con mucho placer. No comprendo todavía porqué debo quitarle la felicidad y la posibilidad a una abeja de alimentarse y trabajar para su colmena, como la posibilidad de reproducirse de la planta en cuestión, para regalarla, simplemente por hacerlo, a una mujer.
-Ah, es que tú eres un misógino! Estás pillado! Maricón!
No, no lo soy. Si lo fuera, no me gustaran tanto. Así que para qué vamos a perder tiempo discutiendo ese enfoque.
A decir verdad, lo que no me gusta es el papel de muchas mujeres hoy en día que se automarginan, solo por el hecho de serlo.
Yo soy un poco automarginal, porque me gusta, porque el transporte público no funciona, el internet reemplaza muchas facciones de la realidad que ahorran tiempo y porque se requiere mucho tiempo solo para terminar las cosas que tengo por hacer, o tengo pendientes. Me distraigo fácilmente. Qué se yo al final... Disfruto mucho de la soledad (maldito egoísta, jajajajaja).
Pero a ver, ¿qué podrían celebrar las mujeres en un día como el martes? Hablo del contexto occidental, o más bien, deporaquíoacá. Los cambios han sido muchos, digamos, desde la colonia. Ya pueden votar, pueden trabajar y pueden casarse y divorciarse cuantas veces quieran, y si tienen hijos, siempre tienen las de ganar; todo bajo el amparo de la ley. Sí, son más o menos libres al lado de los hombres, con ciertos privilegios, pero de lo que no son libres son de los prejuicios e imaginarios culturales. Sea cual sea la sociedad de la que venga (esto sí es casi que universal, y afortunadamente no es un trabajo en el que tengo que hacer 10 mil citas bibliográficas para escribir de lo obvio en unos minutos), son relativos los juicios y por lo general, al intentar hacer las cosas que los hombres realizan, llevan las de perder. No hablo de roles siquiera, sino de "trabajos de hombres". Con mucho respeto me parece estúpido que en pleno siglo XXI la gente se sorprenda, tanto en Cartagena como en Fort Lauderdale ver mujeres policías, bomberos, infantes de marina, soldados, empresarias y demás cosas "fuera de la casa". Hablo por experiencia propia, no porque hace seis años, en una manifestación provocada por algún imbécil con ganas de joder (algún día comentaré sobre eso y le pondré vínculo), haya sido perseguido por 4 ó 5 mujeres policías, no por mi gracia, sino por antimotines o ESMAD (otro día subiré fotos de la golpiza que me llevé), sino porque fue para los días de marzo, y porque siempre en los primeros días de marzo comienzan con especiales y documentales sobre lo mismo y lo mismo. Véanlo ustedes mismos a través del cable.
Pueden darnos paleras, pueden amarnos mucho, pueden hacer lo mismo que nosotros, pero ¿es solo en teoría o en la práctica igual? Aunque tengan la libertad de hacerlo, ¿acaso son libres de los prejuicios sociales?
Yo sigo creyendo que no. Y de tanto pensar en las mujeres y sus situaciones, quise hacer el ejercicio de ponerme en su lugar, y aunque sería una mujer horrible, ya que ni de travesti ayudaría, terminé soñando que era una de ellas, o de ustedes, razón por la cual me levanté a escribir ahorita, a las 3 de la mañana.
Legalmente, no son del todo libres. Digo, si a una mujer y a su pareja se les olvida o se hacen los idiotas con la planificación o la anticoncepción, ¿podrían tener la decisión de llevar un parásito por nueve meses (en el mejor de los casos) en su útero? La respuesta, para Colombia, y muchos países latinos y algunos estados norteamericanos es un NO. Te la metes, te la tragas, te la aguantas y ahora recordarás esa decisión por el resto de tu vida. Lo sé, es horrible, y, dado el caso esa mujer ya no tenga vínculo alguno con el padre (o en su defecto, no sepa quién es), o peor, éste huya, puede que lo lamente. Entonces, el hijo es un bastardo. Genial. Pero si se vuelve puta (cobra) es un hijo de puta, que no es lo mismo que hijueputa. Sea lo que sea, debe sentirse orgulloso de ser lo que es. Más si proviene de una puta, porque es el trabajo más antiguo del mundo, y su madre será solo una más de la tradición putística universal.
Aunque el engendro de Satanás sea a veces una excusa para salir de sus hogares a corta y adolescente edad, se debe es a la falta de oportunidades de reconocimiento al interior de sus hogares, me parece, como también ausencia de un futuro promisorio. Es al menos lo que he presenciado en algunos arrabales de ésta prostituta ciudad. Algo como "me fui porque salí preñá y estaba aburría en mi casa de mis papás que pasaban peleando", "a mi me violó mi padrastro", y otras razones que, además de bizarras son repetitivas generacionalmente, y tienen rasgos o características comunes, destacables entre tantas niñas preñadas o situaciones afines.
En lo militar, no pueden ascender a grandes puestos (¿qué pensarán nuestros enemigos de un ejército comandado por una mujer?). Y eso sí que es raro, en un país donde el 52% de la población (obvia y notoria mayoría) lo conforman mujeres de verdad. ¿Ustedes mismas se están condenando? ¿Por Dios, qué pasó con ustedes? ¿Qué les hicieron? ¿Qué se hicieron?
Lo de mujeres de "verdad" es, incluso, polémico. Porque ¿cuáles son esas verdaderas? ¿Cuáles son entonces las "falsas"? Bah, no nos pongamos filosóficos ahora con eso, pero me voy a referir a esas que se levantan a construir ésta país, o a deconstruirlo. Quién sabe a decir verdad. Si me preguntan a mí, lo que diré es que lo único que me hace diferenciar a un hombre de una mujer son sus factores biológicos, ya saben, gónadas, glándulas, etc. El resto es construcción social. Hagan lo que se les venga en gana. Pero, si me vuelven a preguntar que cómo las concibo, diré lo mismo. A lo mejor sea por eso que me llaman "seco", raro en esta región, porque las trato por igual, ni siquiera diferencio de si son hombres o mujeres, salvo en el gusto, eso sí es algo completamente distinto. Sería desquiciado desconocer que no me atraigan, como me gustan, y que eso influya en cómo tratarlas, y que si pasa conmigo, tiene que pasar con muchos, pero bueno, creo que a veces soy como asexual, jaja, o a veces hay momentos así. Supongo que seguiré así hasta que muera el animal haya muerto, como diría Borges.
Soy conocido por nada, a veces se equivoca de nombre el celaduerme y me llama por Víctor, Antonio, Angel, Manuel, son algunos de los nombres que me da este tipo, y otros. Pero yo tampoco me conozco del todo, y estoy seguro de pocas cosas sobre mí, y una de ellas es que por ser como soy, imparcial frente a los géneros (por esto mismo, descortés, desentendido, vulgar, y otros apelativos), decidí que el martes sería un poco más amable con las mujeres, sólo por ese día, por hacer el experimento. Pensando que habrían algunas conchudas que se querían hacer las vivas y aprovecharse del día, recordaría cada momento para escribirlo aquí. Así que como buen martes hábil, me levanté a las 5 de la mañana, hice mi desayuno, molesté a mi papá, y me fui a coger el bus a la esquina con tremendo sol de 7 AM. Había la misma cantidad de mujeres en la esquina esperando el bus, donde por lo general duraría una hora y media para absurda e infinta distancia al Centro, unos 11 kilómetros según Google Earth. 11 kilómetros apretado, de pie, sudando en ese bus, recorriendo la misma y maldita, diez mil veces maldita vía en la que he perdido miles de horas de mi vida encapsulado y enlatado, por la que se montan en promedio 9 vendedores, y con suerte, algún cantante, y otro ratero. El bus del martes estaba como nunca, atestado de gente, mujeres que se siguen montando al bus sin importarle el espacio o el tiempo, que es lo mismo, y la barriga de los tantos meses de embarazo que lleven: algún o alguna infeliz les cederá el puesto, es lo que piensan en verdad, o sino, como el del martes, no se cansarán de quejarse ya que en todos los puestos hay ancianas y qué casualidad, preñadas y paridas con anticristos en los brazos (disculpen por tantas referencias y nombres bíblicos, pero me está gustando la parte del apocalipsis). El ayudante del conductor embarca a una que tiene como 3 niños. Es una locura. Ni lo creo y mucho menos comprendo. El panorama es deprimente. Pero como yo me había propuesto no hacer mala cara a nada, ni distraerme con música que recordaba en mi mente y tarareando en el mismo lugar, mientras que deseaba sólo llegar, me encargué de los dos niños: iba de pie y los cargué todo el camino. Ni siquiera me dió las gracias por lo que tuve que aguantarme: dos criaturas que ni siquiera eran mías o presentaban parecido alguno a mí, que no hacían más que llorar y patalear como el resto de niños que gritaba en el bus. No me molesta que no me agradezca. Creo que es lo mínimo que por solidaridad podría hacer uno por otro en dicha condición, me explico: cómo agradecer lo obvio, o lo natural (?), no era mi trabajo, pero sí mi responsabilidad como pasajero o ciudadano. No soy hijueputa. A veces quizás. Cuando llegué al Centro, quise sentarme en una banca para descansar mi rodilla, pero apareció otra mujer (una muchacha) y con una sonrisa, le cedí la banca ya que me había estado viendo como ternero degollado. Pensé "bien, no es la única de la ciudad, debe haber otra cerca, aquí en el parque", y al no haber, me fui a la universidad, donde el profesor casi que no me deja entrar por cinco minutos de retraso y apareció otra compañera, a la media hora, a quien dejó entrar felizmente, solo por ser mujer. Era su día ¿Discriminación positiva? No. Nunca he comprendido esa indulgencia. Así fue todo el día.
A ver, sigo con esto. Muchos decimos a los 15 ó 17: "si fuera mujer, sería una perra descontrolada, ya me los habría comido a todos y habría conseguido muchas cosas con mi culo". Hoy está de moda. Mujeres, pueden serlo. Sobre todo si tu material de trabajo es tu cuerpo, que tienes que mejorar, Hay cirugías degradantes para todo. Te pones tetas (creas una telenovela del monotema colombiano), culo (para parecer costeña), te quitas esas grasas que ganaste comiendo morcilla y demás alimentos que tu cuerpo almacena para la posteridad (pero que nunca utilizarás) y que con tanto gusto devoraste pero que ahora detestas, y ya está. Mitad silicona y mitad humana. Más o menos es así. Otras dicen que está malo ser perra. Que desean mantenerse vírgenes hasta el matrimonio (¿es en serio?, porque ya reconstruyen el himen) ya que si no lo son, perderán su valor concentrado en la castidad que garantiza un pequeño tejido que intenta mantener a la vagina aislada, no a sus sentimientos. Imagínense, ¿qué dirán nuestras amistades? Y una mujer vale es por lo que mantiene entre sus piernas. Excelente.
Lo otro es el sangrado. Es como magia o la electricidad para mí. Funcionan casi igual: no comprendo cómo alguien puede seguir con vida luego de tener esas incontenibles hemorragias ¿No existe un switch? Lo peor es que puede ser motivo de burlas ¿Cómo puede traer burlas un manchado que ni siquiera controlas? Eso nunca me causó risa en el colegio el "mira a la otra, está como manchada, se cagó o algo jaja, se le olvidó la regla"¿Cómo puede olvidársele a alguien la menarquia?
Por último son las discriminaciones. No tienes que ir otro país, o asistir a conferencias para darte cuenta de ello. Digo conferencia, porque el año pasado llegó una negra que podía ser cualquier otra de aquí, de Palenque o Cartagena, Barranquilla o Marialabaja; así, que le pregunté por un salón donde se iba a llevar a cabo una charla, "¿excuse me?" me respondió. Claro, yo le hablaba en un castellano goppiao o costeñol. No hubo mucho que hablar, creí que era sanandresana y resultó siendo canadiense y la persona que daría la ponencia a la cual también yo asistiría. Habló de feminismo y racismo, traducido por mi oido, creo que quiso decir lo siguiente en uno de sus comentarios: "(...) no fue fácil para mí trabajar en Estados Unidos: al llevar mis CVs (hojas de vida) a las vacantes de empleo, y por mi nombre que es raro [no me acuerdo cómo era], con tantos títulos y diplomas; al momento de seleccionarme y asistir a las entrevistas de trabajo, no pensaban que se trataba de una mujer y mucho menos, negra. Así que fue un poco difícil, hasta que me interesó un trabajo en una universidad y le di mi testimonio al director de recursos humanos: mire, a mí interesa trabajar aquí, siempre me llamó la atención, pero comprenda, ya llevo mucho tiempo aquí en los Estados Unidos y yo no vivo aquí, soy canadiense, y no he conseguido un empleo, que, con mi hoja de vida se adecúe a mi interés, y si usted va a hacer que pierda el tiempo aquí, le pido por favor que lo reconsidere. No ha sido fácil y me estoy gastando mis ahorros en esta aventura. No ha sido fácil tampoco porque soy mujer, para aumentar una doble discriminación, soy negra, y no tan joven. Tampoco le estoy rogando. Solo que no me haga perder el tiempo si se va a dar con rodeos (...) Fue de los primeros trabajos como maestra tuve en una prestigiosa universidad de los Estados Unidos. Quería conocer ese medio. Salir y trabajar fuera de Canadá por un tiempo". No sólo pasa allá, en toda Norteamérica (Canadá y EEUU), y el primer mundo en general. Acá, donde el 80% de la población cartagenera es afrodescendiente, igual. Así que ¿de qué independencia de pensamiento hablamos? ¿Cuántos títulos y diplomas requiere una mujer para entrar al mercado laboral? ¿Son más si es separada, negra, parida, cabeza de hogar, madre soltera, piensa distinto, tiene otra religión, discapacitada, o vieja?
Como adición tenemos a las mujeres como posesión. Recordemos que la ley mosaica castiga si deseas la mujer del prójimo, más no castiga a la misma que desea al varón de su congénere. Aunque si a ella le gustan las mujeres, sí entraría dentro de esa categoría. Sino, entonces estaríamos de acuerdo con algo que dijo Borges respecto a la inexistencia de ese décimo primer pecado. Aunque el que yo conozco es "no dar papaya". Así que sería como el décimo segundo, quizás. Pero no está registrado ni en la torá ni en el Nuevo Testamento. Además, que más adúltera que María Magdalena, quizá no hubo como esa ramera (y no lo digo yo). O promiscuo como el Rey Salomón, que tuvo 300 esposas oficiales y más de 700 cocubinas, sin derecho a emanciparse. O tal vez María, la del Túnel, la novela de Ernesto Sábato, hubiera sobrevivido a la muerte causada por los celos de Juan Pablo Castel, si por aquellos días se hablara de poliamor. Es un neologismo apenas. Y yo, no hubiera sacado un 3 en tal aseveración para mi clase de castellano en el colegio, hace más de 10 años.
Son solo mis opiniones o concepciones personales. Nada más. De mi ser no se mueven, pero ojalá sí muevan a alguien, y no ésto aquí, sino una trabajo serio que vengo realizando, con referencias y tal, jaja. Aunque tengan que ver con otras vainas raras, como el día de los niños, el día del amor y la amistad (que debe ser todos los días), los cumpleaños y cosas así. Sin decir lo raro que un hombre pelee por y para las mujeres, jajajajaja.
domingo, 13 de junio de 2010
El arte de la mentira
EN LA NATURALEZA
Como si hubiera descubierto el agua tibia, hace años me di cuenta que el engaño resulta en últimas una de las más grandes garantías para la supervivencia de todas las especies. Cuando digo todas, es, TODAS. Es decir, las más de dos millones de especies pertenecientes al reino animal, las cientos de miles del reino vegetal, y las de las demás reinos. Sólo observen bien (es más sencillo con éste reino) a los animales que tienen alrededor: perros, gatos, pájaros, peces, culebras, insectos (?). El éxito de sus tácticas instintivas se basa precisamente en el engaño; aunque bien, podríamos hablar igualmente de adaptaciones evolutivas al medio, pero, ¿acaso sobrevivir, sobreponerse y mantenerse con el engaño no constituye una manera de adaptarse? Sí, pero existen de la misma manera diversas formas de adaptarse a un entorno, ya sea modificando su morfología, fisiología, y demás, a lo largo de miles de años que consignan dicha adecuación en sus genes. El engaño, la mentira, los trucos, las manipulaciones, las simulaciones y apariencias, simplemente hacen parte de las adaptaciones. Hasta ahora no pienso en categorizaciones o jerarquías, sólo en una reflexión ligera sobre una observación constante pensada hace ya varios años.
Siguiendo con la mirada hacia las especies que mayormente nos circundan, es evidente su actitud predominantemente manipuladora. Sólo miren a los perros hogareños: sus caras, sus gemidos, sus juegos: de alguna manera saben que pueden conmover nuestras emociones. Ni hablar de los gatos, que practicamente se tornan de repente en nuestros más cariñosos amigos a cambio de una poca cantidad de atención y mucha comida; de hecho, ellos son los que deciden quedarse con nosotros. Es una alianza extraña, pero bueno, no es aquí el caso sobre el que deba llamar mucho la atención, aunque sería interesante, sobre la relación entre nosotros y los otros animales.
El engaño hace a las especies triunfadoras sobre otras o ellas mismas, y el mundo natural está lleno de ejemplos porque en eso se basa. La culebra verde que se confunde entre las ramas de las enredaderas para tomar a sus presas por sorpresa, las aves marinas de plumaje blanco que se confunden con las nubes para no ser detectadas tan fácilmente desde el agua, la zarigüeya que se hace la muerta, incluso emitiendo olores y tensionando su cuerpo para no ser molestada (desagradablemente tuve que vivir esa experiencia), el gato que se esconde y camina sigiloso para no ser descubierto, el palomo que se infla y eriza sus plumas para parecer más grande, el pavo real que intenta conquistar a la hembra hipnotizándola con el sacudir de su plumaje, el venenoso pez piedra (¿en realidad se debe sugerir una explicación del porqué de su actitud y forma? Basta con el nombre), la rata que sabe que actuando de noche tendrá mayores posibilidades de lograr sus cometidos por una gran ausencia de la actividad humana, el loro que emula sonidos para obtener alimento, la planta que se vale de moscas y otras especies para alimentarse de otras de mayor tamaño, flores que llaman la atención sobre abejas fertillizadoras y productoras de miel, hongos que imitan plantas, etc. La lista puede seguir tanto como deseemos.
EN LOS HUMANOS
Siempre nos hemos creído la idea que somos algo aparte dentro del mundo, incluso al referinos a nuestra univocidad reclamando un lugar por encima a cualquier ente que se mueva, al punto de hablar de una originalidad individual por cada uno de nuestra especie, y darnos el derecho de hacer con los demás seres vivos lo que se nos venga en gana porque somos humanos. Por ese simple hecho. Hacemos lo que hacemos. Por ser humanos.
Por ser humanos, no estamos exentos de emplear esta peculiar y significativa táctica, y la hemos denominado de muchas maneras, incluso, al punto de vincularla con lo ruín y perverso, pero bueno, eso es otra cosa, otras categorías asociadas a los valores que les demos a ellas, de las que me encargaré en otro escrito; por el momento, reconocemos a la mentira, tanto, que hemos escrito e incluso construído a partir, sobre y, hasta pronosticando su futura presencia, de ella. Ejemplos, tenemos diversos, pero evocar algunas concepciones, tenemos un mítico tratado, como lo es El Arte de la Guerra de Sun Tzu, personaje del que conocemos poco, pero de lo que se dice mucho, quien en uno de sus apartados sentencia: "el arte de la guerra se basa en el arte del engaño (...)".
En un mundo donde nos devoramos los unos a los otros, donde intentamos satisfacer nuestro insaciable ego, la mentira y sus artilugios son señuelos con doble fin: con el fin de capturar y no ser caputarado: se trata de mantenernos con vida y sálvese quien pueda! Y sí, suena muy paranoico, salvaje y todo lo fágico que quieran, pero solo pensémoslo por un momento: en todo lo que las mentiras nos han salvado, hasta donde nos han llevado y en todo lo que hemos caído. No es una apología (eso, repito, lo haré después), es una simple reflexión. Si no quieres pensar en toda la humanidad como conjunto que actúa, piensa en tí mismo, como ser. Ni siquiera piensen en las convulsivas pulsiones de amor y odio, o Eros y Tánatos freudianas, o la mónada síquica y su imperiosa voluntad de imponerse o asociarse con sus similares en tanto raíz (ces) del odio de Castoriadis; no, nada de eso: sólo piensen en el arte.
No espero nada, ni siquiera comentarios. Tampoco los exhorto a no hacerlos. No estoy siendo pesimista, es solo algo de lo que quería escribir hace rato. Sabemos que si en realidad nos quisiéramos acabar como género ya lo habríamos hecho.
Como si hubiera descubierto el agua tibia, hace años me di cuenta que el engaño resulta en últimas una de las más grandes garantías para la supervivencia de todas las especies. Cuando digo todas, es, TODAS. Es decir, las más de dos millones de especies pertenecientes al reino animal, las cientos de miles del reino vegetal, y las de las demás reinos. Sólo observen bien (es más sencillo con éste reino) a los animales que tienen alrededor: perros, gatos, pájaros, peces, culebras, insectos (?). El éxito de sus tácticas instintivas se basa precisamente en el engaño; aunque bien, podríamos hablar igualmente de adaptaciones evolutivas al medio, pero, ¿acaso sobrevivir, sobreponerse y mantenerse con el engaño no constituye una manera de adaptarse? Sí, pero existen de la misma manera diversas formas de adaptarse a un entorno, ya sea modificando su morfología, fisiología, y demás, a lo largo de miles de años que consignan dicha adecuación en sus genes. El engaño, la mentira, los trucos, las manipulaciones, las simulaciones y apariencias, simplemente hacen parte de las adaptaciones. Hasta ahora no pienso en categorizaciones o jerarquías, sólo en una reflexión ligera sobre una observación constante pensada hace ya varios años.
Siguiendo con la mirada hacia las especies que mayormente nos circundan, es evidente su actitud predominantemente manipuladora. Sólo miren a los perros hogareños: sus caras, sus gemidos, sus juegos: de alguna manera saben que pueden conmover nuestras emociones. Ni hablar de los gatos, que practicamente se tornan de repente en nuestros más cariñosos amigos a cambio de una poca cantidad de atención y mucha comida; de hecho, ellos son los que deciden quedarse con nosotros. Es una alianza extraña, pero bueno, no es aquí el caso sobre el que deba llamar mucho la atención, aunque sería interesante, sobre la relación entre nosotros y los otros animales.
El engaño hace a las especies triunfadoras sobre otras o ellas mismas, y el mundo natural está lleno de ejemplos porque en eso se basa. La culebra verde que se confunde entre las ramas de las enredaderas para tomar a sus presas por sorpresa, las aves marinas de plumaje blanco que se confunden con las nubes para no ser detectadas tan fácilmente desde el agua, la zarigüeya que se hace la muerta, incluso emitiendo olores y tensionando su cuerpo para no ser molestada (desagradablemente tuve que vivir esa experiencia), el gato que se esconde y camina sigiloso para no ser descubierto, el palomo que se infla y eriza sus plumas para parecer más grande, el pavo real que intenta conquistar a la hembra hipnotizándola con el sacudir de su plumaje, el venenoso pez piedra (¿en realidad se debe sugerir una explicación del porqué de su actitud y forma? Basta con el nombre), la rata que sabe que actuando de noche tendrá mayores posibilidades de lograr sus cometidos por una gran ausencia de la actividad humana, el loro que emula sonidos para obtener alimento, la planta que se vale de moscas y otras especies para alimentarse de otras de mayor tamaño, flores que llaman la atención sobre abejas fertillizadoras y productoras de miel, hongos que imitan plantas, etc. La lista puede seguir tanto como deseemos.
EN LOS HUMANOS
Siempre nos hemos creído la idea que somos algo aparte dentro del mundo, incluso al referinos a nuestra univocidad reclamando un lugar por encima a cualquier ente que se mueva, al punto de hablar de una originalidad individual por cada uno de nuestra especie, y darnos el derecho de hacer con los demás seres vivos lo que se nos venga en gana porque somos humanos. Por ese simple hecho. Hacemos lo que hacemos. Por ser humanos.
Por ser humanos, no estamos exentos de emplear esta peculiar y significativa táctica, y la hemos denominado de muchas maneras, incluso, al punto de vincularla con lo ruín y perverso, pero bueno, eso es otra cosa, otras categorías asociadas a los valores que les demos a ellas, de las que me encargaré en otro escrito; por el momento, reconocemos a la mentira, tanto, que hemos escrito e incluso construído a partir, sobre y, hasta pronosticando su futura presencia, de ella. Ejemplos, tenemos diversos, pero evocar algunas concepciones, tenemos un mítico tratado, como lo es El Arte de la Guerra de Sun Tzu, personaje del que conocemos poco, pero de lo que se dice mucho, quien en uno de sus apartados sentencia: "el arte de la guerra se basa en el arte del engaño (...)".
En un mundo donde nos devoramos los unos a los otros, donde intentamos satisfacer nuestro insaciable ego, la mentira y sus artilugios son señuelos con doble fin: con el fin de capturar y no ser caputarado: se trata de mantenernos con vida y sálvese quien pueda! Y sí, suena muy paranoico, salvaje y todo lo fágico que quieran, pero solo pensémoslo por un momento: en todo lo que las mentiras nos han salvado, hasta donde nos han llevado y en todo lo que hemos caído. No es una apología (eso, repito, lo haré después), es una simple reflexión. Si no quieres pensar en toda la humanidad como conjunto que actúa, piensa en tí mismo, como ser. Ni siquiera piensen en las convulsivas pulsiones de amor y odio, o Eros y Tánatos freudianas, o la mónada síquica y su imperiosa voluntad de imponerse o asociarse con sus similares en tanto raíz (ces) del odio de Castoriadis; no, nada de eso: sólo piensen en el arte.
No espero nada, ni siquiera comentarios. Tampoco los exhorto a no hacerlos. No estoy siendo pesimista, es solo algo de lo que quería escribir hace rato. Sabemos que si en realidad nos quisiéramos acabar como género ya lo habríamos hecho.
miércoles, 27 de enero de 2010
¿Mi hijo?
UN VALDADO
Estos días, finales, me recuerdan a los primeros, de la universidad: tantas cosas, tantos cambios, que, por ponerle un nombre, abruptos, suena o se lee mejor que drásticos. Tanto que asumir, tanto por lo que responder, tanto por exigir, que el tiempo para asimilar y adaptarse es apenas estricto en relación con aquello que intentes ver más allá de lo que en realidad es; aunque muchas veces se trate de lo mismo, y el análisis suponga la búsqueda por una explicación más allá de lo sensato sobre la inmortalidad del cangrejo.
No hay tiempo para réplicas ni porqués. El bombardeo constante de información y sensaciones que intentan agudizarte es solo un espejismo con el que te distraes momentáneamente mientras que el Oasis está en otra dirección, o simplemente quédate allí. El asunto es que ese momento, a pesar lo contradictorio que parezca, se escapa de la medida del tiempo, es simplemente espacio; o no sé, probablemente sea algo característico de un momento cualquiera: lo indefinido. Lo estoy diciendo, no?
Regresando un poco a la tierra, y, lo siento, me dejé llevar con las disertaciones de aquella especie de introducción, basada en digresiones propias de quien escribe casi inmediatamente aquello que piensa, como un ejercicio egoista, solo me queda escribir la siguiente anécdota de un extraño sabor.
Y es que resulta, que en estos mismos días que intenté describir a boca de jarro con algo reminiscente, me he encontrado con una experiencia del pasado, digamos, una persona que constituyó toda una experiencia en sí de sensaciones, que demostraba lo poco que hay que pensar en múltiples oportunidades para apasionarse y sentir: sencillamente vivir, vivir como esclavo de nuestros impulsos y deseos... Sin arrepentimientos o tratando de evitarlos al máximo, de acuerdo a tus creencias... Solo por evadir nombrarla, le doy esos calificativos tan emotivos, y, sin dolor ni penas, suceden las cosas dejando a su pasa simple nostalgia del tiempo que no volverá, enmarcando lo único e irrepetible de cada instante.
No sé qué hacer con las digresiones, o si es cosa de simplemente dejarme llevar a hundir teclas.
No me di cuenta de que era ella si no es porque venía detallándola unos treinta metros atrás que se acortaban a medida que caminábamos frente a frente. Y, debo agregar que tenía mis dudas sobre su identidad, hasta que ella lanzó el primer beso en la mejilla de saludo. De lejos parecía la misma, de cerca, no tanto. Cinco años sin verla y una apariencia de cuarentona me hicieron dudar al principio. Imposible negarlo. Los veintiocho, o treinta que tienen parecían haber pasado hace mucho, y con eso, el pequeño de cuatro años que la acompañaba. Motivo instantáneo de miles de reflexiones por segundo, y de ésto que escribo y comparto, también podría ser motivo de tantas digresiones, aunque para muchos que me conocen, no es nada nuevo en mí [comenzar hablando de un tema y distraerme hablando de otro].
Es inevitable dejar de ver al niño, quien me observa con la misma mirada, como escudriñando más allá de lo que era, sino como preguntándose por él mismo -mira, él es Alberto, tiene cuatro años, mi hijo-, quedo impávido, frío, al saber la edad del pequeño, quien tampoco se inmuta por extender la mano a saludarme como se lo pedía la mamá. ¿¡Ajá?!, ¿y a ustedes dos qué les pasa, por qué no dicen algo?-exclama ella, ignorando la cantidad de cosas que me están sobrecalentando la cabeza, a plenos 32 ºC bajo la sombra, en la tarde de éste verano cartagenero, sofocante como siempre; tanto que ya sudo frío y la cara me ha cambiado de color. No sé ni qué contestar, no es raro, pero el modo de respuestas automáticas y prefabricadas está atrancao, por una pequeña regresión que tuve, a raíz de un cosquilleo que sentía en las piernas, que me hizo acordar del Ron Blanco, el primer gallo de pelea que me había regalado mi tío Carlos. Era un Canagüey, que siempre andaba muy acelerado, y como mareado a la vez. Me acordé de él porque probablemente tenía las piernas en esos momentos igual de coloradas y listas para la carrera.
Hola Alberto, ¿cómo estás nené? -lo saludé extendiéndole la mano y con una sonrisa, esperando la suya, que llegó con la misma cara de rareza y duda.
Tuve la extraña sensación de verme a mí mismo en él, pero sentí que reflejaba igualmente con su mirada, el verse a sí mismo en un futuro, y ojalá no tan irresponsable. Son sólo ideas mías.
Innegablemente tenía cierto parecido a mí mismo a su edad: algo delgado con barriguita de lobitomacho, esa especie de salamanqueja que en forma nos parecemos al nacer y ser alimentados hasta más allá de nuestros límites gástricos, de manera que nuestro cuerpo se asemeja a ese saurio. Igualmente, el cabello castaño y ondulado, la altura, y los tres dientes de leche abajo, en vez de los cuatro que reemplazan a esos mismos tres al mudarse; las cejas delgadas y ojos rasgados, solo que los de él eran azules.
-¿Qué edad me dijiste que tenía Alberto? -pregunté inquieto.
-Te dije que cuatro.
-Sí, sí, sí, sí, ¿pero cuándo es que cumple?
-Dieciséis de marzo ¿Por qué, le vas a regalar algo?
Mientras trataba de calmar mi inquietud e intentar aparentar lo imposible: que no se me pasaba por la cabeza que era hijo mío, comenzaba a desesperarme y sentir que me ahogaba en un vaso de agua, hasta que milésimas de segundos previas a terminar mis cálculos forzados, que intentaban llegar a resultados contingentes, dentro de esa lucha de ideas y sentimientos emergentes, contradictorios y afanados por respuestas instantáneas,
-Ja, ja, no es tuyo -dice la mamá de Alberto sonriendo, como adivinando el desarrollo de mis ecuaciones, paso a paso; creo que era muy evidente mi rostro como hoja de trabajo.
-¿Qué? ¿Qué, qué, te hace pensar que estoy sacando cuentas ah? -respondí balbuceando, como despertando de un largo viaje ácido del que hablaré luego.
-Pues, tú eres quien lo dice, no yo; aquello de las cuentas. Además, estás muy serio y muy ido como para no sospechar que algo más del poco de cosas que te pasas figurando, se te pasa por la cabeza -sentencia con la misma sonrisa indulgente. No tengo más nada que inventar, he perdido ante la naturaleza nuevamente.
-¡Pero si ni se parece a mí! -replico como último intento de evadir aquella inquisición.
-Ajá... -me contesta con aquél rostro de "sí, lo que tú digas..."
No hay tiempo para réplicas ni porqués. El bombardeo constante de información y sensaciones que intentan agudizarte es solo un espejismo con el que te distraes momentáneamente mientras que el Oasis está en otra dirección, o simplemente quédate allí. El asunto es que ese momento, a pesar lo contradictorio que parezca, se escapa de la medida del tiempo, es simplemente espacio; o no sé, probablemente sea algo característico de un momento cualquiera: lo indefinido. Lo estoy diciendo, no?
Regresando un poco a la tierra, y, lo siento, me dejé llevar con las disertaciones de aquella especie de introducción, basada en digresiones propias de quien escribe casi inmediatamente aquello que piensa, como un ejercicio egoista, solo me queda escribir la siguiente anécdota de un extraño sabor.
Y es que resulta, que en estos mismos días que intenté describir a boca de jarro con algo reminiscente, me he encontrado con una experiencia del pasado, digamos, una persona que constituyó toda una experiencia en sí de sensaciones, que demostraba lo poco que hay que pensar en múltiples oportunidades para apasionarse y sentir: sencillamente vivir, vivir como esclavo de nuestros impulsos y deseos... Sin arrepentimientos o tratando de evitarlos al máximo, de acuerdo a tus creencias... Solo por evadir nombrarla, le doy esos calificativos tan emotivos, y, sin dolor ni penas, suceden las cosas dejando a su pasa simple nostalgia del tiempo que no volverá, enmarcando lo único e irrepetible de cada instante.
No sé qué hacer con las digresiones, o si es cosa de simplemente dejarme llevar a hundir teclas.
No me di cuenta de que era ella si no es porque venía detallándola unos treinta metros atrás que se acortaban a medida que caminábamos frente a frente. Y, debo agregar que tenía mis dudas sobre su identidad, hasta que ella lanzó el primer beso en la mejilla de saludo. De lejos parecía la misma, de cerca, no tanto. Cinco años sin verla y una apariencia de cuarentona me hicieron dudar al principio. Imposible negarlo. Los veintiocho, o treinta que tienen parecían haber pasado hace mucho, y con eso, el pequeño de cuatro años que la acompañaba. Motivo instantáneo de miles de reflexiones por segundo, y de ésto que escribo y comparto, también podría ser motivo de tantas digresiones, aunque para muchos que me conocen, no es nada nuevo en mí [comenzar hablando de un tema y distraerme hablando de otro].
Es inevitable dejar de ver al niño, quien me observa con la misma mirada, como escudriñando más allá de lo que era, sino como preguntándose por él mismo -mira, él es Alberto, tiene cuatro años, mi hijo-, quedo impávido, frío, al saber la edad del pequeño, quien tampoco se inmuta por extender la mano a saludarme como se lo pedía la mamá. ¿¡Ajá?!, ¿y a ustedes dos qué les pasa, por qué no dicen algo?-exclama ella, ignorando la cantidad de cosas que me están sobrecalentando la cabeza, a plenos 32 ºC bajo la sombra, en la tarde de éste verano cartagenero, sofocante como siempre; tanto que ya sudo frío y la cara me ha cambiado de color. No sé ni qué contestar, no es raro, pero el modo de respuestas automáticas y prefabricadas está atrancao, por una pequeña regresión que tuve, a raíz de un cosquilleo que sentía en las piernas, que me hizo acordar del Ron Blanco, el primer gallo de pelea que me había regalado mi tío Carlos. Era un Canagüey, que siempre andaba muy acelerado, y como mareado a la vez. Me acordé de él porque probablemente tenía las piernas en esos momentos igual de coloradas y listas para la carrera.
Hola Alberto, ¿cómo estás nené? -lo saludé extendiéndole la mano y con una sonrisa, esperando la suya, que llegó con la misma cara de rareza y duda.
Tuve la extraña sensación de verme a mí mismo en él, pero sentí que reflejaba igualmente con su mirada, el verse a sí mismo en un futuro, y ojalá no tan irresponsable. Son sólo ideas mías.
Innegablemente tenía cierto parecido a mí mismo a su edad: algo delgado con barriguita de lobitomacho, esa especie de salamanqueja que en forma nos parecemos al nacer y ser alimentados hasta más allá de nuestros límites gástricos, de manera que nuestro cuerpo se asemeja a ese saurio. Igualmente, el cabello castaño y ondulado, la altura, y los tres dientes de leche abajo, en vez de los cuatro que reemplazan a esos mismos tres al mudarse; las cejas delgadas y ojos rasgados, solo que los de él eran azules.
-¿Qué edad me dijiste que tenía Alberto? -pregunté inquieto.
-Te dije que cuatro.
-Sí, sí, sí, sí, ¿pero cuándo es que cumple?
-Dieciséis de marzo ¿Por qué, le vas a regalar algo?
Mientras trataba de calmar mi inquietud e intentar aparentar lo imposible: que no se me pasaba por la cabeza que era hijo mío, comenzaba a desesperarme y sentir que me ahogaba en un vaso de agua, hasta que milésimas de segundos previas a terminar mis cálculos forzados, que intentaban llegar a resultados contingentes, dentro de esa lucha de ideas y sentimientos emergentes, contradictorios y afanados por respuestas instantáneas,
-Ja, ja, no es tuyo -dice la mamá de Alberto sonriendo, como adivinando el desarrollo de mis ecuaciones, paso a paso; creo que era muy evidente mi rostro como hoja de trabajo.
-¿Qué? ¿Qué, qué, te hace pensar que estoy sacando cuentas ah? -respondí balbuceando, como despertando de un largo viaje ácido del que hablaré luego.
-Pues, tú eres quien lo dice, no yo; aquello de las cuentas. Además, estás muy serio y muy ido como para no sospechar que algo más del poco de cosas que te pasas figurando, se te pasa por la cabeza -sentencia con la misma sonrisa indulgente. No tengo más nada que inventar, he perdido ante la naturaleza nuevamente.
-¡Pero si ni se parece a mí! -replico como último intento de evadir aquella inquisición.
-Ajá... -me contesta con aquél rostro de "sí, lo que tú digas..."
-Está bien, pero es que, dime ¿acaso no es idéntico a mí, salvo por el color de sus ojos?! O sea, ¡míralo! Y, ¡¿dime si acaso no concuerdan las fechas respecto a la última vez que...
-¡No! ¡No es tuyo, y no es un tema para discutirlo en frente de él! -interrumpiéndome severamente, mientras que las mejillas se le tornaban de un rosa pálido, otrora, rojizas.
-Tienes razón: él no debería escuchar todo ésto -buscando terminar con el tema, mientras el niño no ha dejado de mirarme con la misma curiosidad con la que nos encontramos, ¿en qué estará pensando?
-¿Te lo puedo dejar un momento? Es, mientras busco a mi marido -me preguntó.
-Ehm... Sí, está bien, ¿Estás casada? -balbuceaba mientras intentaba cargar al nene, quién se negó rotundamente a ser levantado.
-Claro. Es el papá de Alberto. Ya vengo -nos dijo mientras dejaba de mirarnos y volteaba al frente en dirección a la bahía.
Al niño no parece importarle quedarse conmigo, a menos que intente cargarlo. Tampoco parece importarle dejar ir a la mamá sin él. Sigue mirándome, me inquieta esa mirada profunda de ojos azules oscuros.
-Ah, ¿conque quieres jugar a las miradas? -le dije en tono juguetón, pero no le saco ni una sonrisa. Y bueno, ¿crees que durarás más que yo? -volví a repetirle en el mismo tono. Este niño es una estatua, pero la curiosidad que me inquieta por analizarlo con detenimiento en búsqueda de cualquier parentesco conmigo terminará por matarme si no comienzo a "curucutearlo". Por lo que comienzo agarrándole una mano que él mismo comienza a analizarse, luego el cabello, que es ligeramente ondulado, pero mil veces más claro y delgado. Fue entonces cuando hubo otra reacción, el niño comenzó a enredarme el mío, y ¡al fin sonrió! Como que le daba cosquillas mi pelo de puercoespín, tostado por el sol, la sal del mar y el salitre de los pozos donde no hay acueducto. Me alegró mucho ver que ya reía a carcajadas.
-Ah, ¿conque te dan cosquillas, bebé? -le decía al tiempo que él ya debía tener algún puñado de pelo desprendido de mi cabeza en sus garritas. Y bueno, no hay calvicie en la familia, pero de alguna manera perdería alguna que otra hebra.
-Sí -respondió entre carcajadas.
-Ah, y ¿es que también sabes hablar, o sólo puros sonidos al azar?
-Sí -me pareció entenderle.
-Tomaré eso como un "estoy muy ocupado riéndome, pero sí sé hablar".
-Sí -me contestó entre más carcajadas.
Bien, tomé al Sr. Sí, de la manito y lo llevé a seis pasos míos y veinticuatro suyos, donde estaba un murito donde nos sentamos.
-Niño, ¿sabes qué es eso, no? -le pregunté señalando a la bahía. Pero regresó a su estado anterior: a observarme callado con el mismo rostro de curiosidad y sorpresa con el que me había "recibido", por llamar de algún modo al instante del accidental encuentro.
Encuentro que ha llegado a su culminación al tocarme la espalda, la mamá de Alberto. Al voltear, la veo en compañía de un tipo alto, casi de mi estatura, delgado, de naríz fileña, pelo rubio y liso, ojos azules claro, y muy blanco.
Definitivamente, no soy papá.
La mamá me sonríe cortésmente como el papá lo hace, mientras me levanto del bordillo que separa a la bahía del paseo peatonal. El niño sigue sentado. Ni se inmuta y me sigue viendo como en un principio. Todavía no entenderá que la curiosidad mató al gato.
El papá, quien se ve de algunos treinta y cuatro, me saluda, le doy la mano, pero escucho su saludo en un acento foráneo. Es italiano -dice la mamá de Alberto, mientras lo levanta del murito. Sí, soy italiano. Nos vemos. Un placer. Encantado -agrega rápidamente, mientras sigue la dirección que llevaba Alberto y su madre, antes de encontrarnos.
-Te dejo, debemos...
-Sí, yo también tengo que irme -la interrumpí rápidamente, antes de ver el reloj.
-Tenemos que vernos y hablar un rato, ponernos al día de todo. Puedes visitarme cuando quieras. Te invito a comer. Pero debes avisarme con tiempo para estar pendiente.
-Está bien. Gracias. Nos vemos -fue mi despedida, mientras el niño, en brazos de la mamá, no dejaba de mirarme, ni siquiera al alejarse.
Comenzó a llorar.
Sentí algo raro.
EL VIAJE
Sentí un nosequé, que, luego de menos quinientos metros, me hizo sentar en una de las macetas del paseo peatonal. Sentí mareo. Me levanté. Respiré hondo, di dos pasos con vista la bahía, me senté en la grama y me recosté en la maceta donde estaba sentado segundos atrás. Estiré las piernas y tuve la sensación de ahogarme. No había respirado. El sol daba a mis espaldas, pero la sombra de los pocos árboles que quedan en esta ciudad me protegían, pero no del calor sofocante. Dejé los ojos entrecerrados y comencé a relajarme. De un momento a otro sentí frío. Ni yo lo podía creer ¿Frío al lado de la bahía, con todo el agua salada del mundo evaporándose y yo siendo uno de sus canales? No tenía sentido alguno. No había almorzado ni desayunado por andar distraído en la mañana haciendo no recuerdo qué cosa. Y se suponía que iba a almorzar con una amiga.
Todo lo había olvidado. No dejaba de pensar en el niño. Me negaba a creer que ese encuentro se había dado en realidad ¿Era en verdad papá? Me hice a la idea que lo era. Esa carga y todo lo que traía consigo no me dejaba levantar sin primero resolverla. Con dicha carga, llegaron a mi mente una cantidad de incógnitas, que nombrarlas aquí, harían este texto infinito, que ya de por sí llevo desde enero tratando de terminar la digestión escribiendo al respecto. Pero, ¿en realidad estaría preparado para ser padre? He oído miles veces que nadie está preparado para serlo, que nadie nace con un manual de instrucciones, que a nadie se le enseña educar a otro ser humano; entre otras cosas.
Pero, ¿yo? ¡Si soy una de las personas más irresponsables, tranquilas y despreocupadas del mundo! ¡Sin contar que a duras penas subsisto! ¿Qué le voy a enseñar? Definitivamente, no estoy preparado; pero se trata de un asunto ineludible. Le podría enseñar cosas útiles, supongo, como comer pescado burlando a la muerte de la venganza post-mórtem del pez, mediante uno de sus restos, a saber, alguna espina en la garganta, o bueno, no sé en realidad. Sólo trato de hacerme reír.
Me regresé cuando ya no había sol.
Esa noche soñé con un tigre flaco que jadeaba, mientras caminaba muy lento entre la maleza. Era espesa y algunas hierbas tenían flores de colores púrpura, lila, morado, fucsia, rojas y naranjas. Todo era muy borroso, hasta que llegó a tomar agua en charco que estaba a la sombra de un árbol. No demoró mucho, y siguió haciendo lo que estaba haciendo: caminar solo y sin aparente sentido.
Y si de sueños se trata, por aquellos días los había tenido de los menos comunes.
Una vez me dijeron que copiara cada mañana, al levantarme, aquello con lo que soñara la noche anterior. Empecé a los nueve años, pero todas las noches no soñaba, ni tampoco era una noche de un solo sueño. A los nueve, y en los noventas existían cosas más entretenidas que escribir dos o tres renglones (quién sabe si más) sobre lo que habías soñado, por lo que abandoné el proyecto en menos de una semana. Sólo accidentalmente encontré un dibujo donde aparezco nadando en compañía de un pulpo y algo que parecen ser tiburones enrazados con delfines. Aparecen unas especies de naves con unos tripulantes, que por sus rostros sin expresión, no parecen ser ni buenos ni malos, salvo uno de ellos que tiene algo como un arma y se tira al agua. Era como que más entretenido dibujarlos que describirlos, ya que abajo del dibujo aparece con mi letra: "esto fue lo que soñé. Respiraba debajo del agua no sé cómo". Luego encontré otra hoja que no tenía ningunos mamarrachos, sino que decía: "hoy tuve varios sueños, el sol me estaba hablando de que hoy iba a hacer calor, y yo le decía que por qué, que por qué no llovía para bañarme en el aguacero. Después soñé conque manejaba el carro de mi tío Carlos y me iba a la finca con la bicicleta. Yo solo, como siempre y como me gusta, sin que me estén diciendo que es peligroso o algo así".
Haría una publicación en este blog sobre la cantidad de material respecto a lo que he encontrado de aquellos días. Pero de momento, sólo quiero decir hace más de una década tengo sueños extraños, como todas las personas, solo que los de enero de este año, realmente me quitaban la tranquilidad en medio de la noche: un mico de grandes ojos que sangra por el cuello mientras chilla desesperadamente, como si estuviera amarrado; el chillido ensordece, pero luego el desarrollo del sueño mengua, a tal punto que transcurre tan lento que en el chillido puedo escucharlo decir: "nada evitará que me salves", después miro a todos lados, buscando la causa de su herida, y al regresar con la mirada, para preguntarle, no encuentro sino un pequeño charco de sangre, que no tiene rastro alguno. Me despierto.
Muchas noches he soñado con aquél tigre flaco, que a veces jadea mientras descansa al lado de estanques o charcos de aguas calmadas azulturquesa con diferentes yerbas anfibias en ocasiones. En otras oportunidades, no jadea, simplemente se queda mirando algo estáticamente. La última vez que soñé con él, yo trataba de perseguirlo, pero obviamente estaba fuera de mi entorno y hacía mucho ruido, y, en un claro, detrás de una maleza como de dos metros y medio de altura, estaba él, esperándome, sin jadear, mirándome fijamente, hasta que escuché una voz que me dijo: "el camino del tigre es largo y solitario". Busqué la voz con la mirada, pero no podía concentrarme en hacerlo, el tigre podía matarme si quería y me descuidaba, acéptalo-, fue lo último que llegué a escuchar. Antes de cuestionar lo que decía la voz, me levanté.
Rarísimo.
Seguí soñando con caminatas solitarias a través de claros y selvas, a veces frías, a veces calurosas, pero siempre agradables. Sigo tratando de encontrar al tigre. Sólo he llegado a ver perros, coyotes y algunos perros flacos que parecen dingos, por las imágenes, con los hocicos llenos de sangre, quienes me sonríen y parecen hablarme. Trato de encontrar al tigre nuevamente, pero no lo veo en estos sueños. Por el momento, disfruto de las caminatas. No sé si vuelva a soñar con él.
Definitivamente, no soy papá.
La mamá me sonríe cortésmente como el papá lo hace, mientras me levanto del bordillo que separa a la bahía del paseo peatonal. El niño sigue sentado. Ni se inmuta y me sigue viendo como en un principio. Todavía no entenderá que la curiosidad mató al gato.
El papá, quien se ve de algunos treinta y cuatro, me saluda, le doy la mano, pero escucho su saludo en un acento foráneo. Es italiano -dice la mamá de Alberto, mientras lo levanta del murito. Sí, soy italiano. Nos vemos. Un placer. Encantado -agrega rápidamente, mientras sigue la dirección que llevaba Alberto y su madre, antes de encontrarnos.
-Te dejo, debemos...
-Sí, yo también tengo que irme -la interrumpí rápidamente, antes de ver el reloj.
-Tenemos que vernos y hablar un rato, ponernos al día de todo. Puedes visitarme cuando quieras. Te invito a comer. Pero debes avisarme con tiempo para estar pendiente.
-Está bien. Gracias. Nos vemos -fue mi despedida, mientras el niño, en brazos de la mamá, no dejaba de mirarme, ni siquiera al alejarse.
Comenzó a llorar.
Sentí algo raro.
EL VIAJE
Sentí un nosequé, que, luego de menos quinientos metros, me hizo sentar en una de las macetas del paseo peatonal. Sentí mareo. Me levanté. Respiré hondo, di dos pasos con vista la bahía, me senté en la grama y me recosté en la maceta donde estaba sentado segundos atrás. Estiré las piernas y tuve la sensación de ahogarme. No había respirado. El sol daba a mis espaldas, pero la sombra de los pocos árboles que quedan en esta ciudad me protegían, pero no del calor sofocante. Dejé los ojos entrecerrados y comencé a relajarme. De un momento a otro sentí frío. Ni yo lo podía creer ¿Frío al lado de la bahía, con todo el agua salada del mundo evaporándose y yo siendo uno de sus canales? No tenía sentido alguno. No había almorzado ni desayunado por andar distraído en la mañana haciendo no recuerdo qué cosa. Y se suponía que iba a almorzar con una amiga.
Todo lo había olvidado. No dejaba de pensar en el niño. Me negaba a creer que ese encuentro se había dado en realidad ¿Era en verdad papá? Me hice a la idea que lo era. Esa carga y todo lo que traía consigo no me dejaba levantar sin primero resolverla. Con dicha carga, llegaron a mi mente una cantidad de incógnitas, que nombrarlas aquí, harían este texto infinito, que ya de por sí llevo desde enero tratando de terminar la digestión escribiendo al respecto. Pero, ¿en realidad estaría preparado para ser padre? He oído miles veces que nadie está preparado para serlo, que nadie nace con un manual de instrucciones, que a nadie se le enseña educar a otro ser humano; entre otras cosas.
Pero, ¿yo? ¡Si soy una de las personas más irresponsables, tranquilas y despreocupadas del mundo! ¡Sin contar que a duras penas subsisto! ¿Qué le voy a enseñar? Definitivamente, no estoy preparado; pero se trata de un asunto ineludible. Le podría enseñar cosas útiles, supongo, como comer pescado burlando a la muerte de la venganza post-mórtem del pez, mediante uno de sus restos, a saber, alguna espina en la garganta, o bueno, no sé en realidad. Sólo trato de hacerme reír.
Me regresé cuando ya no había sol.
Esa noche soñé con un tigre flaco que jadeaba, mientras caminaba muy lento entre la maleza. Era espesa y algunas hierbas tenían flores de colores púrpura, lila, morado, fucsia, rojas y naranjas. Todo era muy borroso, hasta que llegó a tomar agua en charco que estaba a la sombra de un árbol. No demoró mucho, y siguió haciendo lo que estaba haciendo: caminar solo y sin aparente sentido.
***
Y si de sueños se trata, por aquellos días los había tenido de los menos comunes.
Una vez me dijeron que copiara cada mañana, al levantarme, aquello con lo que soñara la noche anterior. Empecé a los nueve años, pero todas las noches no soñaba, ni tampoco era una noche de un solo sueño. A los nueve, y en los noventas existían cosas más entretenidas que escribir dos o tres renglones (quién sabe si más) sobre lo que habías soñado, por lo que abandoné el proyecto en menos de una semana. Sólo accidentalmente encontré un dibujo donde aparezco nadando en compañía de un pulpo y algo que parecen ser tiburones enrazados con delfines. Aparecen unas especies de naves con unos tripulantes, que por sus rostros sin expresión, no parecen ser ni buenos ni malos, salvo uno de ellos que tiene algo como un arma y se tira al agua. Era como que más entretenido dibujarlos que describirlos, ya que abajo del dibujo aparece con mi letra: "esto fue lo que soñé. Respiraba debajo del agua no sé cómo". Luego encontré otra hoja que no tenía ningunos mamarrachos, sino que decía: "hoy tuve varios sueños, el sol me estaba hablando de que hoy iba a hacer calor, y yo le decía que por qué, que por qué no llovía para bañarme en el aguacero. Después soñé conque manejaba el carro de mi tío Carlos y me iba a la finca con la bicicleta. Yo solo, como siempre y como me gusta, sin que me estén diciendo que es peligroso o algo así".
Haría una publicación en este blog sobre la cantidad de material respecto a lo que he encontrado de aquellos días. Pero de momento, sólo quiero decir hace más de una década tengo sueños extraños, como todas las personas, solo que los de enero de este año, realmente me quitaban la tranquilidad en medio de la noche: un mico de grandes ojos que sangra por el cuello mientras chilla desesperadamente, como si estuviera amarrado; el chillido ensordece, pero luego el desarrollo del sueño mengua, a tal punto que transcurre tan lento que en el chillido puedo escucharlo decir: "nada evitará que me salves", después miro a todos lados, buscando la causa de su herida, y al regresar con la mirada, para preguntarle, no encuentro sino un pequeño charco de sangre, que no tiene rastro alguno. Me despierto.
Muchas noches he soñado con aquél tigre flaco, que a veces jadea mientras descansa al lado de estanques o charcos de aguas calmadas azulturquesa con diferentes yerbas anfibias en ocasiones. En otras oportunidades, no jadea, simplemente se queda mirando algo estáticamente. La última vez que soñé con él, yo trataba de perseguirlo, pero obviamente estaba fuera de mi entorno y hacía mucho ruido, y, en un claro, detrás de una maleza como de dos metros y medio de altura, estaba él, esperándome, sin jadear, mirándome fijamente, hasta que escuché una voz que me dijo: "el camino del tigre es largo y solitario". Busqué la voz con la mirada, pero no podía concentrarme en hacerlo, el tigre podía matarme si quería y me descuidaba, acéptalo-, fue lo último que llegué a escuchar. Antes de cuestionar lo que decía la voz, me levanté.
Rarísimo.
Seguí soñando con caminatas solitarias a través de claros y selvas, a veces frías, a veces calurosas, pero siempre agradables. Sigo tratando de encontrar al tigre. Sólo he llegado a ver perros, coyotes y algunos perros flacos que parecen dingos, por las imágenes, con los hocicos llenos de sangre, quienes me sonríen y parecen hablarme. Trato de encontrar al tigre nuevamente, pero no lo veo en estos sueños. Por el momento, disfruto de las caminatas. No sé si vuelva a soñar con él.
***
Casualmente, hoy me he enterado -casi dos meses después del encuentro-, que es probable que uno de mis amigos más cercanos, sea papá. Lleva dos noches sin dormir negando su realidad. Seguramente, no es fácil, pero aunque no he hablado mucho con él, sé cómo es esa angustia. Lo peor es que lo felicitan, ¿por qué?, ¿es en serio?, ¿alguien tiene el descaro de preguntar por qué es algo irónico que lo felicite? Es, como tan surreal, como los sueños en donde los colores, figuras, objetos, animales, etc., se confunden por su misma fusión, tratando de separarse y formando otras figuras ¿han tenido sueños así? A veces amaneces con ganas de vomitar con ese viaje.
Sigo sin entender por qué debe ser felicitado. Sólo somos una partida de irresponsables que día a día nos preguntamos quiénes somos. Que antes de dormir nos evaluamos muchas noches por nuestros actos, a veces sí, a veces no, justamente cuando nos creemos en momentos de lucidez mental justo antes que recordemos que el sol ya nos puya los ojos con sus rayos, no sin antes, tener aquél sueño en donde sentimos que nos caemos.
Sigo sin entender por qué debe ser felicitado. Sólo somos una partida de irresponsables que día a día nos preguntamos quiénes somos. Que antes de dormir nos evaluamos muchas noches por nuestros actos, a veces sí, a veces no, justamente cuando nos creemos en momentos de lucidez mental justo antes que recordemos que el sol ya nos puya los ojos con sus rayos, no sin antes, tener aquél sueño en donde sentimos que nos caemos.
jueves, 20 de diciembre de 2007
Degenere Filosófico
Algo escrito de uno de mis amigos más cercanos, William Alvarez, que un día aburrido, hizo esto, viendo que le había gustado su creación, me dijo "copia y pega en tu blog":

Manifiesto del Degenere
En el presente ensayo no tengo ninguna intención de concebir algo respecto a la sanidad, es decir, el arte de ser sano y puro. La sanidad se a tornado como el arte cotidiano de vivir, sumido, en el pequeño mundo, en la dimensión estética de una vida que solamente se concibe en una dirección , la dirección del bien, pero, cuando el ser, el sujeto, los instintos, están encaminados en la vía contraria a la sanidad, por lo tanto, y, se da una negativa a esa vía directo a la sanidad, me pregunto ¿ no se estaría guiando negativamente y trasformando el orden natural de una dinámica supuestamente dedicada al abuso y descontrol de todos los patrones normales? La respuesta no resulta pues, algo que responda todos los interrogativos del caso, si bien, Parmenides se refiere al peso, como lo negativo y a la levedad, como lo positivo. En este caso para unos, el bien puede ser su virtud, cosa que no le discuto y además, la vida puede ser para ellos la línea a seguir encontrando todo lo contrario en la vía negativa, lo no deseado y pensable.
Para otros, lo negativo deja de ser un tabú, convirtiéndose en ese modelo de vida inmoral, restringido por la moral ortodoxa pusilánime de restringir al cuerpo todos los desechos sociales inmorales posible; el cuerpo debe en su fin, saciar todos los apetitos intrínsecos que éste corresponde en su afán de encontrar la armonía con la naturaleza y los estados mentales. No pretendo exponer una filosofía del degenere y la corrupción espiritual, no es mi motivo, no lo busco, no obstante, los modelos sociales actuales de comportamiento entre mas restrinjan los placeres que el cuerpo requiere, afirmo; no todos los placeres presentes son, los alicientes del gusto. De esos placeres que hablo redundan, en los creados artificialmente por la sociedad. Mi intensión es devolver al cuerpo su principal papel, la sublimación energética para que este libere a la mente y vivan los dos unidos con lo real, formando de esta manera la trípode armónica de la paz y convivencia.
martes, 18 de septiembre de 2007
Recetario costeño
Es difícil determinar un recetario para la Costa Caribe, tanto como el uso del término Colombia es delicado, por eso casi nunca lo pronuncio: es tan indefinido... Por lo tanto, me limitaré a enunciar aquellas cosas que he ingerido y oído en el Caribe, sin que por antonomasia sea Colombia.
Desde hace mucho tiempo (no te imaginas cuántos años) he pensado en esto, pero hoy, que cuando le pregunté a la vieja Rosa (la señora que vende almuerzos y arma un minirestaurante a punta'e tenderetes a 3 cuadras de la casa) por el corrientazo del día, me respondió diciendo que me tenía una sorpresa: "niño, hoy hice pescao frito - mojarra, y sancocho'e bocachico". Nojoda, dos clases de pescao en un almuerzo, uno de mar y otro de río, hay que tener una cama cerca para los próximos 30 minutos, porque luego, puede ser demasiado tarde. Es raro, pero ya casi no se come pescao en Cartagena, la misma Rosa me lo dijo: "mira Clara, como se le abren los ojos y se ríe el muchacho, ya lo teníamos aburrido de tanto ACPM". Arroj, Cagne y Plátano Maduro, o en su defecto: tajás. "Rosa, amurállalo bien con yuca, que ya no voy a trabajar esta tarde y si tienes, échale un aguacero de suero a esa yuca". Semejantes fuertes no se ven en Cartagena sino el de San Felipe, porque el único con utilidad está en Bocachica, donde la gente come carne en ocasioses especiales, al igual que pollo. El mar es el rey, y el cerdo el virrey, andan por las calles como cualquier elemento indispensable en el paisaje. Cada ser tiene su tipo de preparación, incluso los humanos mismos, no en vano vivimos 12 años en escuelas. Las cosas salen bien o mal, quizá simplemente insípidas o condimentadas. Pero cada lugar tiene sus maneras. Reducir en unas letras 120 mil kms cuadrados del Caribe, es imposible, pero solo de desquiciados 1'148.142 kms cuadrados en una palabra.
Ni siquiera quiero intentarlo, pero unos apuntes pueden ser útiles a la memoria colectiva. Para aproximarse a lo que podría ser un listado de preparaciones regionales dicen que nada mejor que una abuelareferencia. En estos días y otros pasados, en los que me ha tocado cocinar mucho, mi abuela ha sido como una luz para mi fogón, ya que hay ciertas cosas que la experiencia tiene que no podemos improvisar. No todas las abuelas cocinan bien y saben hacerlo por el simple hecho de serlo, aunque en el fondo siempre queramos creerlo. Afortunadamente, mi abuela es una gran cocinera, que, incluso, dictaba clases a muchachas recién casadas o que quisieran tener la barriga contenta de sus futuros maridos y cosas de ese tipo, ya saben, eran aquellos tiempos de los abuelos. En la casa de mi abuela he econtrado un libro con un nombre muy particular: Cartagena de Indias en la Olla; tiene más de treinta años, pero según mi abuela y según El Universal, su autora: Teresita Román de Zurek, publica casi anualmente una edición, en que revisa las recetas y agrega otras, y así, así, así, así... Bien, este libro tiene un defecto (para principiantes) que a pesar de que la vieja Adelina (mi abuela) me hizo la advertencia, tuve que darme cuenta por mí mismo, y ella también al recibir más de 8 llamadas en un día para preguntarle de lo mismo. Es que, de repente aparece el nombre de la receta, luego los ingredientes, y abajo, en un párrafo -apenas de la longitud de los ingredientes, te "explican" el proceso. Afortunadamente -otra vez, veo términos familiares: ponchera, palangana, batea, exprimidor, champeta, suero, mantequilla, etc. La vieja Teresita (en la edición de 1976) es parca, abuela tiene razón. Y lo era más en la edición del '62, que también encontré donde abue'. Allá también encontré un libro sobre cocina árabe. Me dió nostalgia, porque me acordé de un par de amigos árabes y porque resulta ser uno de nuestros orígenes que quién sabe en qué momento se ha vuelto algo oculto, como el africano e indígena; también me di cuenta que muchas de las cosas que consideramos cartageneras y/o costeñas, son en realidad árabes: quibbes, tahine, crema de ajonjolí y parece que hasta el mismo jugo de corozo.
Las abuelas siempre nos muestran cosas del pasado, cuando aún nuestra existencia era solo un chiste y ni siquiera imaginada, mucho antes de que el azar nos trajera al planeta y al lugar que habitamos, nuestros abuelos tienen memoria de esos vivires y quehaceres, la mayoría de las veces (para nuestro coterráneo caso) muy diverso al nuestro, y si queremos hablar de comida, son indicados.

En todos los lugares del Caribe colombiano en que he estado, me he dado cuenta que siempre hay una variación, sabrosa o no. Son siete departamentos en los que puedes comer galápago bajo el mismo término y diferente especie animal, así, por ejemplo, en las poblaciones ribereñas del sur de Bolívar y Magdalena, un galápago es una tortuga de río, mientras que en el Norte del mismo departamento del Magdalena, o en la costa sucreña, ésta sea una tortuga marina. Aunque en Ecuador podría ser el nombre de un famoso archipiélago también. Cosas del lenguaje.
Ya sin más cuento, anotemos algunas cosas que creíamos o pesábamos que eran solo leyendas, o no eran comestibles, o que sólamente parecen quedarse en el olvido. Menos mal, hoy en día es posible estudiar cocina cartagenera en el Sena, que está fundamentada más que todo en lo dulces.
AVES
-Pato-yuyo al horno con vino (quién sabe cuál será ese condenao pato, pero se habla mucho de su sabor en la región de la depresión Momposina. Según me han descrito los ancianos del pueblo, todo apunta a que es la misma especie llamada en otras latitudes pato canadiense)
-Garza'el ganao (no hay sabana ni lugar donde se críe ganado vacuno, principalmente, que no hable de este animal frito, asado, sancochao, etc.)
-Tortolita (¿quién en su infancia no las cazó o acaso no las fritó o preparó con huevo? Los ancianos dicen que es sabrosa en sancocho).
-Paloma (obviamente que es otro pollo)
-Sopa de pichón de paloma (no hay anciano mágico que no hable bellezas de este caldo)
-Cocá.
-Guacharaca.
-Guacamaya (sólo se lo he escuchado a personas que han transmitido las historias de secuestrados, guerrilleros y cosas de ese estilo, que ven en el monte y no hay más animales que este pajarraco que tiene la carne azul y todo eso).
MAMIFEROS
-Mico (dicen que son tres ó cuatro especies las que son buenas al paladar; en el Cesar he escuchado del tití, y acá en Bolívar, del aullador y el colorao).
-Chivo (todos sabemos que en la Guajira, a este animal no le botan ni los ojos)
-Guartinaja.
-Zahíno.
-Delfines marinos (todo indica que la gente siente repudio ahora por comer este animal, el método de su preparación se hace ya casi irrecuperable; deben haber muerto casi todos los viejos que sabían)
-Manatí (el animal de las siete carnes. Debido a estar casi extinto, es solo un rumor)
-Burros (del algún lado sacan las butifarras y a algún lado van a parar la cantidad de burros que por vejez y demás misteriosamente dejamos de verlos)
-Caballos (otro ingrediente butifarrero)
REPTILES
-Iguana (aún se consume en grandes cantidades el huevo, quién sabe por qué no cogen la misma que dejan estéril, para hacer un guiso).
-Tortuga de río.
-Tortuga de mar.
-Culebra (sopa de boa y parece que de la especie guardacamino, también hacen un buen pebre).
FRUTOS MARINOS
-Jaiba (al igual que el cangrejo, ese viejo dicho que nos ponía a pensar sobre la inmortalidad de dicho crustáceo está más cercano al mito que a su existencia significativa, cada vez vemos menos cangrejos y más pequeños)
-Pescados: la lista es larga de los que se comen y los que no, su preparación y la forma de deshacernos de ellos, es tan extensa, que habría que ser pescador y publicar un libro dedicado únicamente a eso)
-Ostras (los viejos dicen que se las comían, hasta que hoy se encuentran casi extintas y pocas veces vemos ya caracuchas en las playas. Sólo está otra especie comestible que consiguen en los mangles)
OTROS
-Queso de leche de burra.
-Arroz con mango (en Mahates/Bol. existe).
-Dulce de icaco (sólo queda un icaco en Cartagena)
-Boli de aguacate.
-Merengues.
Espero que la lista crezca y cualquier lector ocasional (tan ocasional como ésto) agregue vainas que ha visto y/o ha escuchado en algún rincón del Caribe colombiano; fuera de los plátanos en tentación, friche de chivo y demás cosas que ya tienen suficiente vida en los libros y, más importante aún: en las tradiciones.
Desde hace mucho tiempo (no te imaginas cuántos años) he pensado en esto, pero hoy, que cuando le pregunté a la vieja Rosa (la señora que vende almuerzos y arma un minirestaurante a punta'e tenderetes a 3 cuadras de la casa) por el corrientazo del día, me respondió diciendo que me tenía una sorpresa: "niño, hoy hice pescao frito - mojarra, y sancocho'e bocachico". Nojoda, dos clases de pescao en un almuerzo, uno de mar y otro de río, hay que tener una cama cerca para los próximos 30 minutos, porque luego, puede ser demasiado tarde. Es raro, pero ya casi no se come pescao en Cartagena, la misma Rosa me lo dijo: "mira Clara, como se le abren los ojos y se ríe el muchacho, ya lo teníamos aburrido de tanto ACPM". Arroj, Cagne y Plátano Maduro, o en su defecto: tajás. "Rosa, amurállalo bien con yuca, que ya no voy a trabajar esta tarde y si tienes, échale un aguacero de suero a esa yuca". Semejantes fuertes no se ven en Cartagena sino el de San Felipe, porque el único con utilidad está en Bocachica, donde la gente come carne en ocasioses especiales, al igual que pollo. El mar es el rey, y el cerdo el virrey, andan por las calles como cualquier elemento indispensable en el paisaje. Cada ser tiene su tipo de preparación, incluso los humanos mismos, no en vano vivimos 12 años en escuelas. Las cosas salen bien o mal, quizá simplemente insípidas o condimentadas. Pero cada lugar tiene sus maneras. Reducir en unas letras 120 mil kms cuadrados del Caribe, es imposible, pero solo de desquiciados 1'148.142 kms cuadrados en una palabra.
Ni siquiera quiero intentarlo, pero unos apuntes pueden ser útiles a la memoria colectiva. Para aproximarse a lo que podría ser un listado de preparaciones regionales dicen que nada mejor que una abuelareferencia. En estos días y otros pasados, en los que me ha tocado cocinar mucho, mi abuela ha sido como una luz para mi fogón, ya que hay ciertas cosas que la experiencia tiene que no podemos improvisar. No todas las abuelas cocinan bien y saben hacerlo por el simple hecho de serlo, aunque en el fondo siempre queramos creerlo. Afortunadamente, mi abuela es una gran cocinera, que, incluso, dictaba clases a muchachas recién casadas o que quisieran tener la barriga contenta de sus futuros maridos y cosas de ese tipo, ya saben, eran aquellos tiempos de los abuelos. En la casa de mi abuela he econtrado un libro con un nombre muy particular: Cartagena de Indias en la Olla; tiene más de treinta años, pero según mi abuela y según El Universal, su autora: Teresita Román de Zurek, publica casi anualmente una edición, en que revisa las recetas y agrega otras, y así, así, así, así... Bien, este libro tiene un defecto (para principiantes) que a pesar de que la vieja Adelina (mi abuela) me hizo la advertencia, tuve que darme cuenta por mí mismo, y ella también al recibir más de 8 llamadas en un día para preguntarle de lo mismo. Es que, de repente aparece el nombre de la receta, luego los ingredientes, y abajo, en un párrafo -apenas de la longitud de los ingredientes, te "explican" el proceso. Afortunadamente -otra vez, veo términos familiares: ponchera, palangana, batea, exprimidor, champeta, suero, mantequilla, etc. La vieja Teresita (en la edición de 1976) es parca, abuela tiene razón. Y lo era más en la edición del '62, que también encontré donde abue'. Allá también encontré un libro sobre cocina árabe. Me dió nostalgia, porque me acordé de un par de amigos árabes y porque resulta ser uno de nuestros orígenes que quién sabe en qué momento se ha vuelto algo oculto, como el africano e indígena; también me di cuenta que muchas de las cosas que consideramos cartageneras y/o costeñas, son en realidad árabes: quibbes, tahine, crema de ajonjolí y parece que hasta el mismo jugo de corozo.
Las abuelas siempre nos muestran cosas del pasado, cuando aún nuestra existencia era solo un chiste y ni siquiera imaginada, mucho antes de que el azar nos trajera al planeta y al lugar que habitamos, nuestros abuelos tienen memoria de esos vivires y quehaceres, la mayoría de las veces (para nuestro coterráneo caso) muy diverso al nuestro, y si queremos hablar de comida, son indicados.

En todos los lugares del Caribe colombiano en que he estado, me he dado cuenta que siempre hay una variación, sabrosa o no. Son siete departamentos en los que puedes comer galápago bajo el mismo término y diferente especie animal, así, por ejemplo, en las poblaciones ribereñas del sur de Bolívar y Magdalena, un galápago es una tortuga de río, mientras que en el Norte del mismo departamento del Magdalena, o en la costa sucreña, ésta sea una tortuga marina. Aunque en Ecuador podría ser el nombre de un famoso archipiélago también. Cosas del lenguaje.
Ya sin más cuento, anotemos algunas cosas que creíamos o pesábamos que eran solo leyendas, o no eran comestibles, o que sólamente parecen quedarse en el olvido. Menos mal, hoy en día es posible estudiar cocina cartagenera en el Sena, que está fundamentada más que todo en lo dulces.
AVES
-Pato-yuyo al horno con vino (quién sabe cuál será ese condenao pato, pero se habla mucho de su sabor en la región de la depresión Momposina. Según me han descrito los ancianos del pueblo, todo apunta a que es la misma especie llamada en otras latitudes pato canadiense)
-Garza'el ganao (no hay sabana ni lugar donde se críe ganado vacuno, principalmente, que no hable de este animal frito, asado, sancochao, etc.)
-Tortolita (¿quién en su infancia no las cazó o acaso no las fritó o preparó con huevo? Los ancianos dicen que es sabrosa en sancocho).
-Paloma (obviamente que es otro pollo)
-Sopa de pichón de paloma (no hay anciano mágico que no hable bellezas de este caldo)
-Cocá.
-Guacharaca.
-Guacamaya (sólo se lo he escuchado a personas que han transmitido las historias de secuestrados, guerrilleros y cosas de ese estilo, que ven en el monte y no hay más animales que este pajarraco que tiene la carne azul y todo eso).
MAMIFEROS
-Mico (dicen que son tres ó cuatro especies las que son buenas al paladar; en el Cesar he escuchado del tití, y acá en Bolívar, del aullador y el colorao).
-Chivo (todos sabemos que en la Guajira, a este animal no le botan ni los ojos)
-Guartinaja.
-Zahíno.
-Delfines marinos (todo indica que la gente siente repudio ahora por comer este animal, el método de su preparación se hace ya casi irrecuperable; deben haber muerto casi todos los viejos que sabían)
-Manatí (el animal de las siete carnes. Debido a estar casi extinto, es solo un rumor)
-Burros (del algún lado sacan las butifarras y a algún lado van a parar la cantidad de burros que por vejez y demás misteriosamente dejamos de verlos)
-Caballos (otro ingrediente butifarrero)
REPTILES
-Iguana (aún se consume en grandes cantidades el huevo, quién sabe por qué no cogen la misma que dejan estéril, para hacer un guiso).
-Tortuga de río.
-Tortuga de mar.
-Culebra (sopa de boa y parece que de la especie guardacamino, también hacen un buen pebre).
FRUTOS MARINOS
-Jaiba (al igual que el cangrejo, ese viejo dicho que nos ponía a pensar sobre la inmortalidad de dicho crustáceo está más cercano al mito que a su existencia significativa, cada vez vemos menos cangrejos y más pequeños)
-Pescados: la lista es larga de los que se comen y los que no, su preparación y la forma de deshacernos de ellos, es tan extensa, que habría que ser pescador y publicar un libro dedicado únicamente a eso)
-Ostras (los viejos dicen que se las comían, hasta que hoy se encuentran casi extintas y pocas veces vemos ya caracuchas en las playas. Sólo está otra especie comestible que consiguen en los mangles)
OTROS
-Queso de leche de burra.
-Arroz con mango (en Mahates/Bol. existe).
-Dulce de icaco (sólo queda un icaco en Cartagena)
-Boli de aguacate.
-Merengues.
Espero que la lista crezca y cualquier lector ocasional (tan ocasional como ésto) agregue vainas que ha visto y/o ha escuchado en algún rincón del Caribe colombiano; fuera de los plátanos en tentación, friche de chivo y demás cosas que ya tienen suficiente vida en los libros y, más importante aún: en las tradiciones.
Etiquetas:
BONUS TRACK
jueves, 7 de junio de 2007
Recursos
viernes, 13 de abril de 2007
El señor Cangrejo
Hubo un momento de mi vida en el que sentía cierta angustia por mi destino. El descubrimiento del señor Cangrejo inspiraba visiones de mi futuro. Nada alentador en esos días cercanos a la graduación y finalización de una extraña etapa de la vida que poco entendí y poco me agradó, sin decir el odio hacia la falta de libertades y expresiones, existentes en la mayoría de hijueputas colegios. Siempre deseando salir, para ahora extrañarlo de momentos, pero claro, muy nostálgicos, porque apenas que recuerdo los horarios, el régimen conservador y republicano rancio que parecía o parece no haberse superado 200 años después, no puedo dejar de darle gracias al tiempo por haber transcurrido y ser el que es en esta medida: marzo del 2007. He vacilao en escribir sobre este personaje porque cada vez que pienso en él, algo nuevo se me ocurre y algo nuevo, que es viejo, me recuerda. La forma como pensé que iniciaría y finalizaría este escrito difiere mucho de la que tengo ahora en mente, a pesar que no me acuerde de los dos anteriores minutos que dediqué -casualmente-, en dos oportunidades a distraer los dedos escribiendo sobre este crustáceo. Generalmente no pienso en principios ni fines, mucho menos estructura alguna, pero con esta jaiba ha pasado algo completamente distinto, más afuera que fuera, de lo normal, y por los cambios en la marea, he llegado hasta por acá, a contar del señor Andrés.
Bien, ha pasado cerca de un mes desde que redacté las últimas palabras en este artículo. Cerca de dos meses desde la última publicación, y ahora que reviso, encuentro una coma al lado de la palabra Andrés, en el párrafo de arriba, indicando que esta mierda sigue inconclusa, que iba a decir algo que ya no me acuerdo.
Por estos días he estado pensando muchas idioteces propias de los humanos que se encuentran en aquél punto incierto que varía entre aislamiento y soledad a pesar la compañía, el regocijo y blablablabla. Inconclusa a pesar de eso y analizar más a fondo sobre lo que sabemos de este personaje, puede alterar un poco más las errantes direcciones de algunos de mis pensamientos.
Si mal no recuerdo, la última vez que dejé traté de erinquecer o empobrecer este escrito, fue interrumpida por una llamada telefónica:
-Buenas tardes, habla Marta Carrasquilla (creo que se llama así, todas y todos los operadores telefónicos tienen nombres parecidos, sino son, los mismos nombres). Llamamamos del Banco Caja Social, preguntando por...
-Sí, sí. Pero él con mi prima ya no vive aquí hace tres años, y desde hace tres años, están ustedes llamando casi diariamente a preguntarme lo mismo, que si se los puedo comunicar, y pidiéndome su teléfono todos los días.
-Disculpe señor, ¿pero usted no sabe su número teléfonico, o algún lugar donde podamos contactarlo?
-Claro. Alguien puede dártelo.
-Ah, qué bien. Dígame por favor, si no es mucha molestia.
-Tu maldita madre. Ella es la que va a darte el número de él, o la maldita madre de la hijueputa persona que los pone a ustedes a estar llamando acá. Siempre nterrumpiéndolo a uno con la misma llamada de mierda, ya estoy aburrido de esa mondá, y si vuelven a llamar, vuelvo y les digo la misma mondá, nomejoda, pa' que vayan a joder a su hijueputa gente, partida de charrúas.
Después de eso las llamadas no han cesado, tampoco aumentado, pero ya va un mes respondiendo con el mismo sermón de la llamada y no parece tener efecto, seguramente tendrán a un ejército infinito de operadores acostumbrados a estas respuestas, por lo tanto, invencibles, y dentro de su cotidianidad, comentar tonterías de este tipo, no hace parte de una conversación amena, y, siendo un ejército infinito, cada día llamará uno diferente que para mí será el mismo, y en fin, fastidia. Hay que encontrar una solución a este acoso.
Como iba diciendo, no sé por qué me extendí recordando algo tan inocuo, pero total fue que cuando regresé al cuarto, me reí de eso y de estar escribiendo sobre el Señor Cangrejo y recordar sus vainas.
Es que, todo empezó un día cuando este misterioso ser llegó al salón arrastrando un esperpento que era mitad escaparate, mitad estante, pero que tenía apariencia de mesa. Esta llevaba un televisor de unas veinticuatro o veintiún pulgadas, un reproductor de DVD/VCD, un VHS, una mutación entre grabadora y minicomponente enrazado con consola de picó y otra serie de chécheres que formaban una especie de nido de paloma ahí por la cablamenta y otras vainas que se asemejaban a virutas.
-¿Quién es ese?
Pregunté yo no me acuerdo a quíen, pero me respondió:
-Es el señor Andrés, encargado de audiovisuales entre otras labores.
-Se parece como a un cangrejo.
Dije yo.
-Aquí le decíamos Don Cangrejo.
Preciso. No sé qué era lo que hacía recordarle a todos un parecido, un aire, con los cangrejos, jaibas, y otros crustáceos con que lo comparaban. Sólo los biólogos sabrán el porqué, pero no yo.
A él lo había visto por ahí deambulando en el colegio, en ocasiones lo veía leyendo el períodico y le pedía la hoja de los crucigramas, quien me la daba sin importancia alguna. Si tenía suerte, la posesión de la hoja de los crucigramas quedaba para mí egoísta y victoriosamente; si tenía suerte, repito, porque a veces si el acto imperado por el señor Cangrejo era percatado por las secretarias del plantel, era de forma inmediata prevenido:
-No vayas a hacer el crucigrama del periódico porque al rector le molesta.
-Pero si yo nunca lo lleno
-No importa, no lo rayes.
Siempre me hacía el marica, el que no sabía, pero eso era cuento viejo, ya que en algunas oportunidades que fui citado con el rector, y tenía el períodico en sus manos, le escuché decir algo como: "voy a tener que esconder el periódico desde temprano, yo no sé quién es el que se pone a estar rayando los crucigramas y le quitan la gracia". Afortunadamente contaba con la alcahuetería de las secretarias, quienes siempre andaban de buen genio, como yo. Y claro, del señor Andrés, a quién nunca parecía importarle realmente nada.
Así era mi relación con el Cangrejo, cosas simples y sin importancia que aquí he tratado de extender a través de lo que las palabras permiten: cinco minutos, intercambio de miradas y palabras rutinarias: eso era todo.
Para el día que el señor Andrés regresó al salón con los motetes "audivisuales" (debido a que el supuesto salón para dichas actividades estaba en remodelación, así fueran dos años para eso), había regresado del otro salón que cursaba el mismo ciclo, trayendo consigo implícitamente el rumor que se convirtió en leyenda sobre ciertas proyecciones pornográficas. Implícitamente porque no lo dijo él -nunca hablaba-, pero en el trayecto, los pelaos llegaron con noticias de que el señor Andrés los había dejado ver una película porno en lugar de una sobre los mensajes subliminales que tocaba ver, luego, que la película era de Andrés y estaba por equivocación en el VHS y el documental estaba en formato DVD. En realidad, no recuerdo, pero captó mi atención. Había algo entonces en el personaje menos conocido y menos popular, quién sabe si menos querido como sisquiera odiado, del colegio. ¡Mierda!, ¡este hijueputa crustáceo tiene su historia y quiero saber qué es lo que es! Casi en la mitad del año, me enteré del nombre y el apodo de este personaje que siempre me abría la puerta en la mañana al entrar al colegio, me pasaba los crucigramas, y me faltoneaba a veces sí, a veces no, al llegar tarde.
Siendo costeño, es difícil vivir sin sobrenombres o de llamar las cosas por su nombre (si se conocen), o en su defecto, inventárselo. Hay pocos a los que no les agrada mucho esta práctica mamagallística, y por ser así, son a los que más joden; en Barranquilla les dicen cachacos, o comparan con estos, pero bueno, a veces somos amonestados por nuestra misma gente o familiares. Yo como no iba a ser la excepción, tiré el lance como a cogé jaiba' en el mangle diciéndole al Cangrejo, Cangrejo, para preguntarle sobre el mito de las porno. El se emputó, y me dijo: respeta, pero yo no le paré bolas y actuando como si no me hubiera dicho nada, como si no hubiera pasado nada, como si lo hubiera llamado por su verdadero y adecuado nombre, como si fuéramos amigos de toda la vida, sentencié a mi espina faríngea:
-¿Eche Cangrejo y qué? ¿Vas a azararte ahora? Echame el cuento bien de la película.
Cangrejo dijo serio, con una respuesta que afirmaría que se vengaría:
-Parece que habia material de ese tipo ahí y los muchachos vieron.
En esa combinación de tono y actitud, indescifrable e innombrable para mí, tragué saliva, me quedé callado, no le dije más nada y no pensé otra palabra más que: prepárate.
El Cangrejo es faltón.
Así fue. Las siguientes semanas el Cangrejo no me dejaba entrar si había llegado cinco o diez minutos tardes como de costumbre, ya no me pasaba el crucigrama en los recreos, y su sonrisa era de esas irónicas. El payaso era yo. No hay nada más sabroso que reírse de uno mismo y de esa actitud que a veces tomamos de dárnolas de perfectos, sobre todo el mismo deseo de realizar perfecciones, incluyéndonos a nosotros mismos.
Una vez, no quería entrar a clases, y me quedé en el patio comiendo mango del palo que estaba al lado de unas gradas. El Cangrejo me pilló:
-¿Ajá y tú qué haces aquí? Bájate de ahí y entra a clases. Vete para el salón, que ya se acabó el recreo y me va a tocar decirle a la seño' Isabel (el legendario y mítico Ñame).
A un congreso de vendedores que fui hace miles de años, el conferencista repetía cientos de veces la oración"el buen trato y la atención es lo que vende". Y es cierto. En esa resumida frase hay cientos de hojas que tratan sobre el consumo y los factores que lo favorecen. Quién sabe por qué pensaría que eso me salvaría de las muelas crustáceas de Andrés, pero de que se consiguen cosas siendo amable y todo eso basado en eufemismos e hipocrecías, se consiguen:
-Andrés, mi vale, cógela suave, tú también fuiste pelao igual que yo (véase apelación a la piedad y la emotividad en los discursos falaces, Irving Copi). Ahora viene matemáticas y a mí no me gusta esa vaina ¿eche, no habían clases acaso que no te gustaran? Además, tengo hambre y no tengo plata, vi unos mangos acá que se van a dañar si nadie los coge. Eche, ven y cómete unos.
No había dejado de ser yo mismo, pero al menos traté de no mamarle gallo.
-No, esos son del Ñato. Ven, bájate de ahí y ándate para el salón.
Y claro, dejar de mamar gallo es una tarea difícil, cuando no, imposible:
-¿Eche Cangrejo y qué vale? Súbete un rato y cógela suave, pareces un viejo.
Y trae también sus consecuencias, obviamente:
-No. Bájate ya. Voy a llamar a la seño Isabel.
-Ya, ya, ya, ya, ya, siempre tienes que ponerte pesado, velo ve, ni por ser vale.
-Nada de eso, quiero mi trabajo.
Me decía eso mientras yo me bajaba de las gradas en ese condenao patio solo y él avanzaba, a poner las quejas viendo que no caía en razón. En el camino, entré al baño (el de las suculentas y otras anécdotas), y encontré a Rafa, el electricista, que estaba en el taller "marañeando" entre un poco de artifactos a mi entender, ininteligibles, secretos, embrujados, mágicos y dotados de poderes místicos a la vez de maldiciones y hechizos. Rafa era tronco de bien, y siempre me contaba sobre su vida y todo aquello que existía antes que yo: vida mejor, poca gente, más unión, más fiestas, etc. Me preguntó que qué diablos hacía ahí además de mear, y que porqué Andrés venía conmigo en una parte del camino. Yo le conté tan rápido como las narraciones orales permiten, sobre las conversaciones entre él y yo, al mismo tiempo que me parecía un misterio su vida. Rafa se echó a reír y me dijo:
-Andrés tiene más o menos la misma edad que yo: cuarenta y puya de años. Yo ya soy abuelo, tengo una casa, he viajado por el Caribe, rebuscándome, gozando y demás. Soy lo que soy porque he querido serlo así. A Andrés no le importa nada de eso, pasa haciéndose la paja en la casa de su hermana -porque él vive con una hermana-, manteniendo a veces a la hermana o al cuñado, de acuerdo a quién se quede desempleado, no tiene amigos, ni esposa, ni hijos, menos hijos, ni nada, esa es la vida que le gusta vivir a él. No le da verdadera importancia a nada, todo le da igual, esa es la vida que le gusta vivir a él.
-¿Y la plata que le pagan aquí? ¿Qué hace con ella? ¿Se la pasa por la espalda qué?
-No, nada, tú sabes que él no puede vivir sabroso mantenido donde la hermana, él me imagino que dará su aporte ahí y cogerá una parte para él, su ropa, películas de culeo y cosas así.
Pasó cierto tiempo después de que Rafaél me hubiera dicho estas cosas de Andrés para yo confirmarlas con el mismo Cangrejo. Por habernos reído buena parte de los pares de minutos que Rafa y yo hablamos aquella cuestión, no le presté la menor imporancia, hasta un día que, en el mismo orinal, Rafa empezó a vacilar a Andrés mientras yo me lavaba las manos:
-Nojoda Andrés, no perdonas ni los baños del colegio oye. Oye, eso es de los pelaos, ¿qué vas a ponerte a estar haciendo la paja aquí ah?
Andrés con una risa tímida, que recuerdan las mías, de esas que no niegan ni aprueban, no respondió nada mientras Rafa salía del baño que tenía allí mismo el taller donde laboraba. Me acordé de aquella vez que Rafa me comentó de la vida de Andrés y que, no obstante haberle prestado el más mínimo interés, el asunto me había quedado sonando (...)
-Andrés, ¿tú no tienes esposa, novia, ni nada, no vives con nadie? -Pregunté yo con el ligero presentimiento que te indica que estás a punto de saber algo que rondará tu mente de momentos.
-No, yo vivo con una hermana; ella vive con su marido y sus hijos ahí también. Eso de esposa y casarse ¿pa' qué? Si estoy arrecho un día, un pajazo y fuera. Me quedo viendo televisión todo el día en la casa, quieto, ahí se pasa por ahí. Mujeres, hijos, lo que trae es problema. Claro, que yo respeto, que ajá, quieran casarse y todo lo demás. No bebo, ni nada, no me gusta el ron ni la cerveza, nada de eso, fiestas, sancochos, asados, cosas así, a veces.
Al principio me fue un poco difícil descifrar si me estaba mamando gallo, o sea, se burlaba de mí como gran parte del tiempo lo había estado haciendo hasta ese día, o si era verdad, pero diciéndolo con esa frescura característica de las personas conformes, conformes con lo que les toca a pesar que no sea lo que deseen, o conformes con lo que son, porque así lo han deseado; quizá una forma de mantener su aislamiento y la gente alejada. A veces me pregunto todavía cuando lo pienso bien, pero era alguien extremadamente lacónico, que cuando simplemente quería complementar tu comentario respondía con la cabeza.Su lenguaje era como el del pibe Valderrama, tan breve y necesario, siempre me lo recordaba. Nunca sabremos a ciencia cierta qué será, y si entonces su puesto, de tan poca visibilidad, era entonces perfecto para sí. Lo que sí es cierto es que todo lo que me contó es verdad, porque lo confirmé con otras personas que trabajaban ahí y vivían por su casa: es verdad que pasaba haciéndose la paja, que vivía con una hermana, y el resto que él mismo me contó.
Es de esas vidas indescriptibles en mi vocabulario tan estrecho como mis conocimientos y saberes, pero es de esas que te dejan un extraño sabor en la boca mientras tratas de rumiarlas. como aquella que llevaba un tipo asesinado antes de ayer, hoy viernes trece, miércoles once de abril; un completo desconocido es baleado cuatro veces en la espalda en una tienda, y al parecer, lo mataron por error, no importa, el que hay que matar es a otro, no importa que haya muerto él, no murió al que buscaban, no volverá a suceder, y sin cargo alguno, porque dentro del contrato verbal entre tú y un sicario, esclarecen que si muere otro por error, no importa, una claúsula tácita del acuerdo incluye el asesinato del sujeto específico que no deseas en el mundo, así como estás, así que, no importa cuantos mueran, pero de que se acaba con el que es, se acaba. Un gaje del oficio al parecer acabó la vida de este muchacho, que apareció en una columna de un periódico cartagenero, al parecer su vida era de tan poca importancia, que no sale en primera plana ni ocupa más de la mitad del periódico y casi todas las noticias que este contiene, como cuando ocurre la muerte de un Papa, que son varios días, y hasta años hablando del suceso. Me recuerda algunos cuentos de Kafka. Ni yo me acuerdo de su nombre, porque hasta yo me estoy acostumbrando, como la misma Cartagena, a que la violencia se vuelva una cotidianidad en la ciudad, a lo mejor es porque hago parte así sea en la millónesima parte de la ciudad, y, porque tal vez esta persona no era "importante". Su vida, según el periódico, era "viviendo con sus padres, a veces vendía pescado en Bazurto, también cotero en el mismo lugar o mototaxista en ocasiones. Su pasión eran las máquinas traga monedas, comunmente conocidas como 'maquinitas', donde encontró la muerte". Algo así dice, pero preguntándole a sus padres por el acontecimiento, responden con la mayor naturalidad del caso: "él no tenía prolemas con nadie, pero su amigo José sí. Y ajá, lo mataron porque estaba de espaldas en la tienda". Que maten gente por ahí por equivocación es normal. Su vida era como la de Andrés, no sé exactamente en qué, a lo mejor sea el sueño de un día sin cerrar los ojos, no sé, que no me permite decir algo en concreto, pero algo hay.
Siempre hay excepciones y variantes, nunca hay un solo método y una sola manera. El señor Andrés me lo recordó y fue más evidente de lo que mi mamá había sido viviendo ella sola con la lejanía de su hijo más niño: mi hermano. Recorriendo el departamento, conociendo gentes y lugares, trayéndome historias fantásticas que me afianzaban las formas de vidas tan distintas como cada persona. La vieja mía se salía un poco de la tracionalidad, pero no anda del todo por la trocha, porque seguía siendo ambiciosa y otra serie de cosas. El señor cangrejo se salía de toda convencionalidad existente, de llegar a cierta edad, casarte con una esposa, tener hijos, vivir con tu familia, ser exitoso, -monetariamente hablando-, ser fiestero y amiguero, todas esas cuestiones que la sociedad te exige o te muestra como ideal: lo que tienes que ser y no lo que quieras ser. Para la época, el señor Cangrejo hizo preocuparme por aquello que debía cumplir y aquello que se desea ser, pero es porque entre el Cangrejo y yo no había mucha diferencia, lo único que nos diferenciaba fundamentalmente, o lo más notable, era la edad y el hecho de que él viviera con una hermana y estuviera empleado, es más, yo me veía como su sucesor en unos años, y me asustaba un poco el hecho de terminar así, con un estilo de vida, no diría que poco aceptado, sino más bien menospreciado, ¿por qué? Porque no es lo ideal. Hoy en día no tengo un estilo de vida ideal, que es lo mejor de todo y me alegra mucho saberlo, la ausencia de un "proyecto de vida", en el que planeas tu vida, cómo la vivirás, cómo la pasarás y hasta cómo morirás. Lo que sé es que tengo muchos proyectos mente para realizar, buscando siempre experimentar, en un camino de innumerables posibilidades, en donde lo importante parece ser hasta hora, mantenerte vivo y buscar los medios para tus proyectos. Es saber qué es lo que quieres, pienso, pero la sola idea de levantarte sin saber qué pueda suceder en ese dia, pero sin tanta inconsistencia, es tentativa y emocionante, por lo menos es lo único que me mantiene vivo.
Coño, ya estoy hablando es locuras, no sé ni qué es lo que he escrito ya, cule sueño, pero ya al menos al fin salí de este artículo pertubador. Aún perturba porque, sí, no es fácil concebir una vida "normal", a la que generalmente es menospreciada, y sea un poco desalentadora, dentro de los términos sociales, porque es tu futuro en potencia, y a pesar que trates de considerarla una vida normal y choque con el imaginario de una vida ideal, no es lo que quieres vivir, pero, por afinidad, parece que fuera así.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

